Polarización y crisis.

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Hay demasiado en juego para que nos rindamos a la política de la polarización.

Brad Henry

 

Recientemente he escuchado con preocupación a algunas amistades, mencionando que el nivel de polarización existente en la vida nacional, es solo una referencia de las élites, de los bandos que se disputan los escenarios públicos y políticos, o de los que están al pendiente y en participación de las cosas públicas. Que en realidad “abajo” no pasa nada, que todo va a bien más allá de los problemas que se viven y que por ello es necesario matizar “eso de la polarización”.

Señalan que, mientras “las mayorías” no caigan en el debate polarizado, iniciado y fomentado desde el poder, no sucederá nada porque en términos absolutos y porcentuales la mayoría “pasa de eso” y por lo tanto las discusiones que son visibles en medios no producen mayores conflictos salvo para los que participan. Esa lectura me parece alarmante.

En este contexto, no tiene demasiada importancia que un servidor público de primer nivel, por su cercanía con el ejecutivo federal, se atreva a señalar abiertamente como corruptos e indeseables a dos reconocidos intelectuales, solo porque no son afines al actual gobierno, y sugerirles arrinconarse calladitos o mejor irse del país. Tampoco la tendría la intransigencia que evidencia a este gobierno de talante autoritario, porque al final solo unos cuantos se enteran y no amerita magnificar un desliz pasional del declarante.

Más allá de lo chusco que puede parecer lo arriba descrito, considero que para muchos, el ambiente de crispación solo se percibe en espacios reducidos de acción política, en las redes que vociferan, critican y se burlan, pero poco hacen y que por lo tanto solo son formas virtuales de desahogo social.

Es mi opinión, más allá de los debates políticos, me parece que en el conjunto social también se están formando bandos enfrentados con las convocatorias de conmigo o contra mí, encono social en un ambiente enrarecido por las crisis adicionales, ubicado fuera de las elites, donde efectivamente y más allá de las discusiones públicas se fraguan fuertes emociones que desesperadas pueden encontrar caminos sinuosos, oscuros.

La economía dislocada, el aumento de pobres y de desempleados, el cierre de empresas y oportunidades de trabajo, el decrecimiento del PIB en estos dos años, con una recuperación lenta y difícil que sin duda deberían de llamar a la coincidencia de los actores políticos y económicos y a la implementación de acciones conjuntas para salir adelante con los menores daños posibles y no a los oídos sordos y a las descalificaciones inmediatas.

Como otro elemento destaca el incremento de la inseguridad y la violencia que se manifiesta con un nuevo record en un primer semestre, donde fueron asesinadas 17,982 personas o la violencia contra la prensa crítica, que según la organización Artículo 19 registra un ataque cada 11 horas, lo que significa un incremento del 45% respecto del 2019 y que el 60% de las agresiones proviene de funcionarios públicos. Además, los feminicidios y la violencia doméstica y contra la diversidad, el incremento de la intolerancia y las omisiones en la aplicación de la ley o las normas para resguardar la seguridad e integridad física.

La crisis de salud y sus miles de muertos y de familias destrozadas que en la pandemia sufrieron y sufren no solo al COVID-19 sino a otras enfermedades que encontraron y han padecido un sistema de salud caído, abandonado, sin rumbo, en el cual han muerto 1410 trabajadores de la salud y el 49% de ellos eran médicos, ¿realmente estábamos preparados como no se cansan de decir?. Tenemos un sistema de salud donde se toman decisiones políticas en lugar de estrategias sanitarias, con un subsecretario en funciones de Secretario intolerante, soberbio e insensible que ante la tragedia, descalifica, adjetiva, y rompe con una posición mínima de apertura y escucha de las opiniones o propuestas  de otros.

Todo como un desastroso collage de malas condiciones que sin duda generan el enojo, la búsqueda de responsables inmediatos, el miedo y el recelo social hacia los diferentes. Un caldo de cultivo que permite que la polarización se extienda más allá del círculo de las élites o los analistas políticos.

La polarización está allí, existente en un caldo de cultivo de contradicciones y desencuentros nacionales que no presagian nada bueno, ¿será tan difícil darse cuenta que hoy la patria amerita mucho más que discursos y loas? que urgen razones de interés general y coincidencias que nos reúnan en lugar de diferenciarnos o de enfrentarnos. Es necesario fortalecernos como conjunto social para hacer frente a las adversidades y dificultades que hoy por hoy nos rodean fuerte y peligrosamente.

LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA.

Mes de la patria, oportunidad para pensar qué hacer, más allá de los gritos.