El terremoto que expuso las fracturas de Venezuela

’28/06/2026’

El terremoto que expuso las fracturas de Venezuela

Por: Zaira Rosas

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Las imágenes que llegan desde Venezuela son devastadoras. Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron el norte del país el pasado 24 de junio, provocando una de las peores tragedias humanitarias de su historia reciente. Las cifras preliminares hablan de 920 personas fallecidas, más de 3000 heridos y comunidades enteras afectadas mientras continúan las labores de búsqueda y rescate.

Sin embargo, reducir esta crisis únicamente a un desastre natural sería un error de análisis. Lo que ocurre hoy en Venezuela es la convergencia de una emergencia sísmica con años de fragilidad institucional, deterioro de infraestructura, debilitamiento de los servicios públicos y una prolongada crisis económica y migratoria. Los terremotos no distinguen ideologías ni fronteras, pero sus consecuencias sí dependen de la capacidad de respuesta de los Estados. Y allí radica la verdadera dimensión del problema venezolano.

Los expertos coinciden en que la vulnerabilidad previa multiplica el impacto de cualquier catástrofe. Hospitales saturados, infraestructura envejecida y escasez de recursos complican una respuesta que debería ser inmediata y masiva. Además, Venezuela ya enfrentaba necesidades humanitarias significativas antes del terremoto. Organismos internacionales estimaban que millones de personas requerían algún tipo de asistencia, situación que ahora se agrava dramáticamente.

Desde una perspectiva internacional, la emergencia venezolana representa también una prueba para la cooperación regional. América Latina suele reaccionar con rapidez frente a terremotos, huracanes o inundaciones, pero los esfuerzos suelen disminuir conforme desaparecen los titulares. La experiencia demuestra que las primeras 72 horas son cruciales para rescatar vidas, pero los meses posteriores son determinantes para reconstruir comunidades, restablecer servicios básicos y evitar crisis sanitarias secundarias.

México tiene razones humanitarias, históricas y estratégicas para involucrarse. Somos un país que conoce el dolor de los terremotos. Desde 1985 hasta 2017, hemos aprendido que la solidaridad internacional puede marcar la diferencia entre la desesperanza y la recuperación. También hemos desarrollado capacidades reconocidas mundialmente en protección civil, rescate urbano y atención de emergencias que pueden aportar valor en momentos críticos.

El apoyo mexicano ya comenzó a materializarse. El gobierno de México envió dos aviones con ayuda humanitaria, medicamentos, herramientas de rescate, binomios caninos y personal especializado para apoyar las labores de búsqueda y atención de damnificados en Venezuela. Reportes periodísticos señalan que la misión incluye alrededor de 250 rescatistas y equipos de la Sedena, además de insumos médicos y logísticos. Este gesto no sólo responde a una emergencia puntual: confirma que la experiencia mexicana en desastres naturales puede convertirse en una herramienta concreta de cooperación regional cuando cada hora cuenta.

La ayuda no debe limitarse al envío de recursos gubernamentales. La sociedad civil, universidades, empresas y organizaciones humanitarias mexicanas pueden contribuir mediante donaciones verificadas, campañas de recaudación, apoyo logístico y cooperación técnica. Lo importante es canalizar la ayuda a través de organismos con experiencia y mecanismos transparentes que garanticen que los recursos lleguen efectivamente a quienes más los necesitan. Diversas organizaciones internacionales como la ONU y otros países se han sumado al apoyo desde la zona cero.

El apoyo a Venezuela es clave para contribuir a su resiliencia, pero a los ojos de Estados Unidos esta también es una oportunidad de política exterior y posicionar hacia el mundo su estrategia de intervencionismo, no es casualidad que en esta ocasión la promesa de ayuda sea de 150 millones de dólares.

Si bien la solidaridad internacional es necesaria, no confundamos esta con caridad, es fundamental para la estabilidad, las crisis humanitarias prolongadas generan desplazamientos de población, presión sobre los sistemas de salud, impactos económicos y tensiones políticas que trascienden las fronteras nacionales. Hoy México tiene la oportunidad de contribuir a un momento de resiliencia que si bien parece limitarse a una Nación es una herida que afecta a América Latina.