Alejandro Cossío Hernández (1967–2026): Un xalapeño de corazón inmenso
Por Ángel Rafael Martínez Alarcón*
El pasado domingo 21 de junio, en medio de la celebración del Día del Padre,
comenzó a correr entre amigos y conocidos la noticia que nadie quería creer: el
fallecimiento de Alejandro Cossío Hernández. Hacía apenas unos meses que él
mismo, con su característica transparencia, había compartido en sus redes
sociales que enfrentaba un cáncer y que empezaba un duro camino en busca de
la sanación, siempre con la fe puesta en Dios y con la esperanza como bandera.
Confieso que, en lo personal, no dimensioné del todo su estado de salud. Tal vez
porque siempre lo vi como un ser bendecido, fuerte, imparable. Como muchos, lo
conocía por su apodo: "El Búfalo". Pero en esta última etapa de su vida, Alejandro
nos dejó una de sus grandes lecciones: nos enseñó a entender el cáncer desde
dentro. Con valentía y claridad, fue relatando en redes cada síntoma, cada
emoción, cada paso de su proceso. Gracias a sus palabras, pude comprender
mejor lo que vivió mi madre hace tres años, cuando también perdió la batalla
contra esa enfermedad.
Hoy quiero aprovechar estas líneas para dejar testimonio de mi más sentido
pésame a su señora madre, a sus hermanas, a sus sobrinos, y de manera muy
especial a su esposa e hijos. La pérdida física de Alejandro es irreparable, pero
tengo la certeza de que vivirá por siempre en el corazón de quienes tuvimos el
privilegio de conocerlo y compartir con él en los más diversos escenarios de la
vida.
El domingo por la noche, pude estar frente a su ataúd, en una de las salas de la
funeraria Bosques del Recuerdo, sobre la avenida Rafael Murillo Vidal, en
Xalapa. Ahí estaba toda su familia: su madre, sus hermanas, su esposa, sus hijos
y demás seres queridos. Y aunque el dolor era palpable, también se respiraba una
profunda paz, esa que nace de la fe en la resurrección y en la vida eterna, fe que
Alejandro profesó siempre, y con mayor fuerza aún en sus últimos meses de
lucha.
Alejandro murió relativamente joven, a los 59 años. Pero vivió con una intensidad
que pocos logran.
Para entender su forma de pensar y de actuar, hay que conocer a sus padres: el
Dr. Alejandro Cossío Licona y doña Luz María, un matrimonio xalapeño que
vivió su fe católica no solo en la misa, sino en cada acto de servicio a los demás.
Doña Luz María, durante muchos años, fue catequista de cientos de
generaciones. La familia Cossío Hernández era conocida en el barrio, en la calle
de Hidalgo, frente al parque de los Berros. Cristianos como ellos, comprometidos y
coherentes, son los que hoy hacen falta en el seno de la Iglesia. No es casualidad
que una de sus hijas haya tomado los hábitos religiosos.
Como bien dice Agustín Basilio de la Vega, uno de sus amigos más cercanos:
*"De niños jugamos, competimos, estudiamos, dimos catecismo. De jóvenes
fuimos a misiones, emprendimos proyectos y luchamos por la libertad y la
democracia en México, enfrentándonos al 'Ogro Antropófago'."*
Yo también lo conocí desde niño, aunque en aquel entonces nuestra relación fue
esporádica. Recuerdo algunos eventos vinculados con don Sergio Obeso Rivera
(1931-2018), tercer arzobispo de Xalapa, muy cercano a la familia Cossío
Hernández. Fue más tarde, en diciembre de 1982, cuando nuestra amistad se
fortaleció. Alejandro ingresó al Camino Neocatecumenal en la Iglesia del Beaterio,
y ahí se encontró con figuras como Fernando Pérez Vignola (1953-2025),
candidato a diputado federal en 1985 por Acción Nacional, y Socorro Cuevas
Escobar, madre de los hermanos Vázquez Cuevas, quienes jugaron un papel
clave en la organización del PAN en Veracruz a finales del siglo XX.
Su formación académica comenzó en Xalapa. La secundaria y la preparatoria las
cursó en el Instituto Francisco Xavier Alegre, antes conocido como Escuela
Leonard Vignola. Luego salió de la ciudad para estudiar Ingeniería Biomédica en
la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, en la Ciudad de
México.
A su regreso a Xalapa, montó su propia empresa y, por invitación de su amigo
Agustín Basilio de la Vega, se sumó a las filas del Partido Acción Nacional a
principios de los años noventa. Eran tiempos de cambio, cuando el PRI empezaba
a mostrar grietas y el país miraba con atención a Diego Fernández de Ceballos,
candidato presidencial en 1994. En Veracruz, el PAN vivía un proceso de
reconstrucción estatal. Alejandro ocupó la secretaría general y la presidencia del
comité directivo municipal. Recuerdo que hace 30 años fue él quien me impartió el
curso de ingreso a ese instituto político.
Su liderazgo pronto impactó a toda una generación de panistas testimoniales.
Mientras otros dudaban, Cossío Hernández entendió a la perfección el estilo de
los panistas del norte: una forma de hacer política más agresiva, directa y sin
concesiones. Junto a César Leal Angulo, líder estatal, y otros compañeros, supo
dar batalla. En 1997 fue candidato a diputado federal por el distrito de Xalapa,
acompañado del Dr. Ramiro Platas. Juntos hicieron una campaña que sacudió al
electorado. Creo que fue entonces cuando el apodo de "El Búfalo" se consolidó.
Más tarde, el partido lo envió como representante ante órganos electorales de los
tres niveles, donde siempre dio la cara y defendió sus ideas con firmeza.
Fue integrante de la LVIII Legislatura del Estado de Veracruz, junto a otros
diputados como José Sergio Vaca Betancourt Bretón, Roberto Bueno
Campos, Abel Cuevas Melo (†), Jesús González Arellano, Carlos Mejía
Covarrubias, Gloria Olivares Pérez —primera mujer diputada local—, Fernando
Santamaría Prieto y Tomás Trueba García. Esa legislatura funcionó del 1 de
octubre de 1998 al 4 de noviembre del 2000. Ahí quedan registradas sus
combativas intervenciones.
Fue también un gran promotor de la candidatura presidencial de Vicente Fox en el
año 2000. Durante el sexenio foxista, fue funcionario federal: primero como
delegado del Instituto Nacional de Migración —donde tuve la oportunidad de
trabajar a su lado— y más tarde como delegado federal de Economía. Con el
tiempo, se distanció del PAN para dedicarse por completo a sus empresas.No tuvo
miedo de poner en sus oficinas del publico el cruxifijo.
En los últimos diez años, su gran batalla fue reclamar un adeudo millonario que el
gobierno de Veracruz aún no ha saldado. Y en estos últimos meses, mientras
enfrentaba el cáncer, nos enseñó también cómo se lucha con dignidad, con fe y
con la mirada puesta en lo alto.
La primera mini biografia fue en Cuéllar, Mireya.2003. Los panistas. La Jornada
edicciones. México, 97 pp.
Alejandro se fue, pero su huella es imborrable. Descansa en paz, querido amigo.


