SE ACABÓ EL MUNDIAL, SOLO LOS RECUEDOS QUEDAN
“El juego de la vida continúa.”
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
Hace un tiempo me encontraba con Rosy y Grecia disfrutando un rico café, nos tomamos una foto y le comenté a mi esposa Rosy que cada foto con el transcurrir de los años reflejaría el paso del tiempo y si la foto era genuina, es decir, representaba real felicidad y disfrute, entonces recordaríamos muchos instantes dichosos. Al momento mi hija Grecia me preguntó: “Papi, ¿qué es el tiempo? —hijita, intentaré responderte: escucha, cuando seas grande de edad mirarás nuestras fotos y te brotarán muchas emociones, sensaciones, reflexiones, alegrías, nostalgias, etc., todo esto incluirá tener muy claro el saber qué es el tiempo y, algo más hijita, el valor de este. —Ok Papi, ahora estoy pequeñita, pero seguro de más grande comprenderé lo que me dices. —Sin duda lo comprenderás hijita, lo comprenderás.”
Desde niño fui un apasionado del fútbol y de los mundiales. Al ir creciendo detecté que podía rememorar muchas vivencias personales con el simple hecho de recordar los mundiales. Así fue surgiendo la idea de un libro y después de muchos años nació: “Todo inició en Ventorrillo”. Por lo antes señalado se comprende porqué cada mundial es muy especial. El recién concluido mundial lo disfruté a plenitud, el disfrute incluye soportar y asimilar las eternas amarguras que nos otorga la vida: la eliminación de Alemania y la acostumbrada derrota de México. Sólo que en esta ocasión la caída mexicana resultó más frustrante por las fantasiosas expectativas que nos hicimos. Empero, desde luego que el disfrute también incluye momentos estelares en lo deportivo y en lo personal.
Parece que fue ayer cuando mi hijita Grecia una mañana me dijo: “Papi, yo le voy a Messi. –Cómo, hijita, por qué le vas a Messi, acaso eso te dijo Dirceo. –No Papi, Dirceo le va a Ronaldo, pero a mí me gusta Messi.” Nos preparábamos para ir a presentar mi novela a León, Guanajuato y como mi presentación en los eventos programados incluía participar en un concurso sobre la historia de los mundiales, decidí comprarme la nueva playera de Alemania y en ese acto le compré a mi hijita la de Argentina, con el número diez y el nombre de Messi. Este hecho podría parecer ordinario, muchas personas compran playeras a sus hijos, probablemente para muchos sea eso, un acto ordinario, para quien escribe es un acto que será imborrable por ver y sentir la alegría y emoción con que mi hija corría con la camiseta puesta. Una sonrisa de felicidad como nunca la tenemos los adultos. Una sonrisa que nos recuerda que la vida está en sucesos sencillos, simples, solo hay que saber apreciarlos.
La mayoría de los partidos los disfruté con mi amigo Toñito el pintor, lo quiero mucho, pero odiaba esa actitud tercermundista de apoyar a los débiles. Cuando más lo aborrecí fue el día que la vergonzosa Paraguay eliminó a la desconocida Alemania. Como ya sabemos, Paraguay tenía a sus once jugadores defendiendo y Alemania a todos atacando. El equipo Teutón fue incapaz de ganarle a unos tipos que marcaban, daban una que otra patada, hacían tiempo, se fueron a tiempos extras y a penales. Tan deficiente son los paraguayos, que Alemania había fallado dos penales y los guaraníes para ponerle emoción a tanta mediocridad, erraron dos y Alemania para acrecentar más su deshonra volvió a fallar un tercero y ahora si por fin los “dignos” paraguayos ganaron: “Toñito, es vergonzoso que festejes algo así.”
Días antes del mundial tuve la oportunidad de leer el reciente libro de José Ramón Fernández: “El Protagonista”. Allí Joserra cuenta que el nombre “Los protagonistas” surgió por una plática que tuvo con el sabio Cesar Luis Menotti. Menotti señalaba que los mundiales podían ser divididos en dos bloques, los animadores y los protagonistas. A partir de este comentario escrito por Joserra, me puse a reflexionar y Menotti dijo una verdad absoluta. Desde 1930 que se celebró el mundial en Uruguay, sólo 8 países lo han ganado: Uruguay (2), Italia (4), Alemania (4), Brasil (5), Inglaterra (1), Argentina (3), Francia (2), España (2). Excepto Países Bajos, los demás equipos han sido simples animadores. Hago esta excepción con Países Bajos, porque no tan solo han jugado tres finales, sino que ellos se encargaron de revolucionar este deporte en la época de los setenta con la famosa “naranja mecánica.”
Por lo antes comentado y por la experiencia amarga de siempre ver a México derrotado en instancias de octavos de final, los triunfos de México en el reciente mundial me alegraban, mas, con mis amigos comentaba que nos fuéramos con calma, porque el equipo Azteca no había enfrentado a rivales de peso completo, e incluso, cuando México eliminó a Ecuador, escribí: “Lo de hoy ha sido excelente. Hay que festejarlo, no obstante, la verdadera prueba será el domingo. Si ganamos, por fin estaríamos quitándonos un trauma que nació en 1994 de quedar siempre eliminados en octavos. El rival será Inglaterra. Un rival de peso completo, pero, si juegan como hoy y son certeros en el ataque, el equipo mexicano tiene muchas posibilidades de hacer historia. Caso contrario, las borracheras de estos triunfos serán solo eso, borracheras.” Un amigo que por el triunfo ante Ecuador estaba emborrachándose, me marcó para decirme que ya me parecía a David Faitelson de amargado, que todo lo que escribía era pesimismo. Claro, mi amigo sabe de fútbol lo que yo se de matemáticas, no tenía caso aclararle, él estaba disfrutando su buena borrachera. En pocos días la terrible cruda le llegó.
El encuentro entre México vs Inglaterra lo presencié con mis amigos Francisco Cadena y Gabo Iñiguez. Cadena, previo al partido me comentó que en el mundial del 86 cuando México se enfrentaría a Alemania en Monterrey, él iba en la Secundaria. Que para entonces existía una gran ilusión de que México eliminaría a Alemania. Todavía recuerda la amargura de la derrota, y, así ha venido presenciando y acumulando cada cuatro años cadenas de amarguras. La derrota ante Inglaterra fue dramática en lo emocional, porque en lo deportivo si bien el equipo mexicano luchó, dominó, más, así de bien le jugó a Bulgaria en 1994, y perdió. Así de bien le jugó a Alemania en 1998, y perdió. Impresionante bien le jugó a la Argentina en 2006, y perdió. Por eso digo que lo doloroso de la debacle fue en lo emocional, porque perversamente las televisoras se encargaron de ilusionar a una gran mayoría del pueblo mexicano de que no tan solo México iba a eliminar a Inglaterra, sino que llegaría a la final, y hasta inventaron una frase: “¿Y si sí?” Pues la realidad nos enseñó que los triunfos no se obtienen con ocurrencias, esa frasecilla quedó eliminada y lo que reapareció es la letra de “Fiesta” de Joan Manuel Serrat: “Y con la resaca a cuestas, Vuelve el pobre a su pobreza, Vuelve el rico a su riqueza y el señor curas a sus misas.” Cuando un pueblo tiene pocas ilusiones, es fácil de seducir.
Hasta hace unos años España solo prometía, pero nunca cumplía. Como señala Menotti, España era un equipo animador, como México, Portugal, en su momento Rumanía, actualmente Croacia, mas, no pasan de ser eso, animadores. Recuerdo a la España de los noventa con un medio campo técnico, dominador, allí jugaban Guardiola, Guillermo Amor, Luis Enrique. Jugaban bien y competían, más no ganaban. España siguió trabajando, fueron creando un estilo de juego, empezaron a surgir varios jóvenes formados con ese estilo de posesión de la pelota, muy técnicos. De hecho, a Xavi Hernández le tocó jugar con Guardiola en el Barcelona, años después, Pep Guardiola lo dirigió y junto a Iniesta, Busquets, Puyol, Pedro, entre otros españoles, ganaron todo en ese Barcelona inolvidable. Se vino el mundial de Sudáfrica 2010, esta generación prometió y cumplió. España por fin dejó de ser un animador y con categoría, contundencia y elegancia ingresó al templo de los protagonistas.
Al momento de estar narrando todo esto siento como si hubiera pasado mucho tiempo y no es así. Hace menos de 48 horas disfrutábamos la final en casa de Teté, la hija de Alvarito Merlín. Allí nos encontramos un grupo de amigos que nos queremos mucho. David Cárdenas, Adrián Vázquez, Alvarito hijo, Alberto el esposo de Teté, mis amadas Rosy y Grecia. En mi caso, tengo absoluto respeto por Argentina, Messi no necesita reconocimiento, es uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos. Empero, deseaba que ganara España. Cuando Ferrán Torres metió ese zurdazo que terminó en las redes, todos brincábamos y gritábamos: ¡Ferrán!, ¡Ferrán!, ¡Ferrán! ¡España!, ¡España!, ¡España! Para nuestra suerte, mientras a la Argentina y a Messi la destruían, Grecia dormía. Me imagino que mi amigo José Antonio Vicuña brindaba de felicidad en Teocelo, Veracruz, y, quizás, con los vinos encima, hasta sentía que los quijotes se movían y sonreían con él. Así vivimos el triunfo de España. La coronación de España. Por cierto, mi amigo Toñito comprendió que los débiles siempre son débiles.
Al recordar que la final se jugó hace menos de 48 horas, vuelvo a sentir la inmediatez del tiempo. Esa sensación de que los días, los meses y los años pasan muy rápido, que el tiempo sino lo aprovecho se me agota, e invariablemente me va agotando y mermando. Verdad es que el mundial se acabó, solo los recuerdos quedan, recuerdos que han quedado guardados en mi corazón y en mi memoria. Los años seguirán pasando y seguramente mi hija leerá este artículo, espero estar vivo para que me diga: Papi, cómo han pasado los años, comprendo la valía del tiempo, te amo. Acto seguido: sentiré que he vivido.
Correo electrónico: [email protected]
Twitter@MiguelNaranjo80
Facebook: José Miguel Naranjo Ramírez


