Prometer y prometer es cantaleta.

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“Día con día, recorremos nuestra vida como quien recorre un pasillo”. (Muriel Barbery).

 

Dice Léon Bloy que el pobre es la única comida. Y Pablo Neruda se pregunta: “¿Por qué los pobres no comprenden/ apenas dejan de ser pobres?” Sabia virtud de conocer el tiempo…Sí, el tiempo y la desdicha de haber nacido en la pobreza. Y de ahí, pos a sobrevivir. Tanta faramalla para quedar en lo mismo. Escribo esto porque no hay de otra, más que encabronarse. ¿Por qué somos tan pero tan…? He querido alejarme del mundo; he querido irme a otro país, pero dijera Cavafis, la ciudad, adonde quiera que vayamos, va con nosotros. Es una manera de decir que vivamos donde vivamos, siempre estaremos ahí, en la sociedad donde nacimos. ¿Pa’ qué huir? Se me ocurre que es como una carta, la cual quizás no llegue al destinatario, pero siempre estará el remitente. Dicho lo anterior, avanzo a lo que sigue (obviedad de obviedades).

He escuchado que prometer no empobrece. Nada más engañoso, porque prometer, sin cumplir, sí empobrece… ¿A quién o a quiénes? Como también dicen que prometer no cuesta nada. De acuerdo. Son expresiones como tantas otras, como: “Luego nos hablamos”, “Mañana te resuelvo”, etc. Es tan fácil romper corazones… Repito, son expresiones pa’ salir del paso y no comprometerse. Basta decir “Sí” o “No”. Pero a eso le sacamos. Porque el sí o el no, rotundo, trae consecuencias y, en consecuencia, en principio, vienen los reclamos y, vaya, más que eso. Por eso es tan fácil prometer y no cuesta nada, salvo saliva y una mueca hipócrita de humanidad. Nada más cruel. Y no sólo en el ámbito político, en épocas electorales, sino hoy, hoy, hoy, aquí y en China.

Prometer y prometer es cantaleta. Fastidiosa y mentirosa en la política mexicana, más en tiempos electorales. Es cuando los políticos –fieros lobos, así estén empezando a aullar-, se disfrazan de corderos, sabiendo ellos mismos que son bestias en la carrera por obtener o mantener el poder.

¿Que el pueblo es sabio? No, señoras y señores, señoritas y señoritos y etc., el pueblo de México es ingenuo –con excepciones- y pobre, pobre, pobre. Por eso los políticos siguen ahí, mamando de poder y del poder. En una sociedad sabia –entendida en su extensa acepción-, ni siquiera existirían los políticos, al menos no como ahora se nos presentan: voracidad por el poder y el dinero. Y qué fastidio chutárselos de nuevo con sus promesas y dizque propuestas. Más, más, más de lo mismo y el país menos, menos, menos hasta caer en manos de vaya usted a saber de quién o de quiénes. Se entiende, ¿no?

“Me da rabia porque casi se perdió mi dignidad…”, canta Amanda Miguel. Allá arriba, en los altos mandos celestiales de la política mexicana, la vida sigue igual: perros nomás ladrándose sin morderse, haciendo la finta. Claro, hay quienes se apendejan y entonces son chivos expiatorios. La política mexicana sigue siendo la misma, pero ahora remasterizada, con colmillos cibernéticos. El chiste es mantener, así sea de manera simulada, la paz, la estabilidad, la gobernabilidad y etcétera –nada se oculta, dicen, pero no se manifiesta la verdad. ¡Que viva la pobreza intelectual, cultural, social, económica, creativa, humana! ¡Uuff! Sobre los muertos las coronas. ¡Que viva el rey Gobierno y poderes fácticos! ¡La pobreza triunfará! Se los aseguro. ¡Sálvese quien pueda!

El pez por la boca muere, dicen, queriendo decir que las palabras emitidas matan, nos traicionan –de las pensadas, ¿quién se entera? Pero también el pez muere por hambre, porque busca de comer y sólo encuentra un anzuelo que lo lleva a la muerte. Así es con la gente necesitada –muchas veces ignorante- que busca qué madres comer. Ah, pero hay gente ignorante, pero no pendeja. Hablemos claro. No sé si me explico. En fin, que muchas cosas tenemos que esclarecer y movilizarnos, agitar nuestro cuerpo y mente, pa’ luego no andar quejándonos.

Son los mismos de siempre. Se ponen su disfraz, el camuflaje adecuado y actualizado, y no conocen siquiera la palabra vergüenza, mucho menos el vocablo dignidad. El cinismo andando. Se les ha ido el cerebro al cielo; se creen políticos dioses –los hay de todas las edades, colores, situación económica y demás pendejadas que se les ocurra, bañados en astucia, cual bautizo al precio que sea. Son los “elegidos del pueblo” para gobernar o lograr un puesto público, por ahí donde entra el money, porque alguien tiene que llevar los frijoles a la casa. Ajá.

Se oye bonito y hasta celestial, el advenimiento de un mundo feliz: “Todavía hay desgraciadamente en nuestro país mucha pobreza, y nos falta alcanzar el objetivo central de vivir en una sociedad mejor, más fraterna, con más igualdad, justicia, democracia y libertades, completamente libre de las rémoras del clasismo, de la discriminación, y del racismo, pero hacía allá vamos, en busca de esa maravillosa utopía, de ese fecundo y bello ideal de ser felices por estar bien con nosotros mismos, con nuestra conciencia y con el prójimo”. (Andrés Manuel López Obrador, mensaje con motivo de los primeros 100 días de su tercer año de gobierno; marzo de 2021).

No, la felicidad se sufre. El poder enferma. La humildad engrandece, una humildad inteligente. ¿Por qué separar el corazón de la mente? O al revés. No sé a qué le temo más, si a enfermarme de algún virus o de cualquier otra cosa, o contagiarme de la estupidez provocada por la política mexicana. ¡Por Dios! ¿Por qué no invertir los términos: “Existo, luego pienso”? O hacerlo al mismo tiempo: Existir y pensar. Palabras, palabras, palabras. ¿quién tira la primera piedra?

El hundimiento de México; nada que ver con el hundimiento del Titanic. Aunque suceda lo que suceda, seguiré escuchando a Beethoven, Mozart y, por qué no, a Wagner.

 

Los días y los temas

 

Estoy hecho un erizo. En la novela La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, leo: “Durante un segundo he creído haber encontrado mi vocación; he creído comprender que, para cuidar de mí, tenía que cuidar de los demás, o sea, de los que son “cuidables”, de los que se pueden salvar, en lugar de carcomerme por dentro porque no puedo salvar a los demás. Entonces qué, ¿debería hacerme médico de mayor? ¿o escritora?  Es un poco lo mismo, ¿no?”.

Entiéndase por erizo: “La señora Michel tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalitos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes”.

Y, bueno, “Que Dios bendiga a Dios”, escribiera Jaime Sabines.

 

De cinismo y anexas

 

Lo dijo Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano: “Nosotros no hacemos calificativos de los partidos políticos, lo único que observamos es que hasta ahorita no hay una propuesta de qué tipo de país quieren construir, qué tipo de sociedad o qué tipo de relación internacional pretenden que se lleve a cabo. Señalamos lo que no vemos y nos gustaría ver, vamos a ver qué sucede. Queremos tratar de exponer cuáles son los principales problemas del país. Hoy es muy claro, tenemos la pandemia, la caída económica y la inseguridad. Lo que planteamos es proponer soluciones, invitar a los partidos políticos y candidatos a que presenten verdaderas propuestas, no sólo que digan cuáles son los problemas sino cómo resolverlos”. (sinembargo.mx, 24/02/21).

Ahí se ven.