POR LA VERDAD Y LA CONFIANZA/ Zaida Alicia Lladó / TORRES BODET: CONTRA LA EDUCACION SOCIALISTA Y EL ANALFABETISMO (parte 1)

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“…La cuestión de ¿cómo debemos educar? está íntimamente enlazada con estas otras: ¿Cómo debemos vivir? ¿Cuál será el régimen del mundo futuro?… Por esa razón, me permito insistir sobre este punto: hay algo más en la cooperación intelectual que un simple intercambio de conocimientos y de ideas, de profesores y revistas, de laboratorios y de colecciones de museos. Hay algo más importante que todo eso en la base misma de la cooperación intelectual y es, la cooperación de los intelectuales; la fuerza organizada del mundo de las ideas, para impedir que ocurran de nuevo las monstruosas desviaciones que llevaron a los pueblos a resolver su crisis por la violencia”.  

Jaime Torres Bodet, (1987)

 

En el año 2013, escribí las biografías de  Juárez, Reyes Heroles, Luis Donaldo Colosio y Torres Bodet en un artículo que dividí en varias partes,  y hoy retomo a Don Jaime Torres Bodet, educador, literato y político de renombre, a quien deseo hacer un tributo recordando su obra y pensamiento al cumplirse-el pasado 17 de abril-un año más del aniversario de su natalicio.

A Don Jaime Torres Bodet particularmente, en la parte literaria, se le debe ubicar junto a los grandes escritores y poetas mexicanos como Acuña (Coahuilense) , Vasconcelos (Oaxaqueño), Reyes (regiomontano), Villaurrutia , Castellanos, Novo, Caso, Pacheco (ciudad de México),  Pellicer , Gorostiza  (Tabasqueños) , Huerta ( Guanajuatense), Sabines (Chiapaneco) , Cuesta ( veracruzano) , etc., entre tantos otros valores que dieron lustre al acervo literario nacional.  Y en la parte de hombre de Estado, junto a los grandes del México contemporáneo como López Mateos, Ruiz Cortines, Reyes Heroles, Luis Donaldo, Ruiz Massieu, Griselda Álvarez ( a quien le dedicaré mi próximo artículo), entre otros, que con sus propios estilos y circunstancias, dejaron valiosas aportaciones sociales y culturales al país o a sus entidades.

Torres Bodet, fue un hombre culto, apasionado de la literatura toda su vida y entregado desde la juventud a la función pública; miembro del Servicio Exterior Mexicano (1936-1939): Subsecretario y Secretario de Relaciones Exteriores (1947-52), Secretario de Educación Pública en dos ocasiones, de 1943 a 1946 y de 1958 a 1964; Director de la UNESCO de 1948 a 1952; Embajador de México en Francia, entre otros cargos valioso que ocupó en su vida y en los que dejó una huella perdurable.

Pero si hay un sector gubernamental que se vio favorecido por la acción de Don Jaime Torres Bodet,  es sin duda el educativo, porque la tarea que él heredó a la educación mexicana del siglo veinte,  toma vigencia en los acontecimientos sociales y políticos del siglo XXI, en particular en este sexenio que inicia, en donde se pretende reformar la educación, sin una visión pedagógica-científica y sí corriéndose el riesgo de sesgarla hacia posiciones ideológicas radicales , éstas que son atentatorias de la libertad de creencia y de los derechos de la niñez y juventud del país, mismas por las que luchó históricamente en contra, el gobierno mexicano y en especial Torres Bodet en su momento.

En 1944 Torres Bodet siendo Secretario de Educación elimina el concepto de la educación socialista, y fue el coordinador y principal hacedor de la nueva redacción del texto del Artículo Tercero Constitucional aprobado por el Congreso en el año de 1944, con el que se superó un conflicto de varios años, logrando eliminar el radicalismo en la enseñanza-aprendizaje de la niñez y juventud mexicana, precisando y definiendo la naturaleza libre (exenta de cualquier visión ideológica o política) de la educación; texto que se ha mantenido sin cambios en su parte conceptual.

“…La libertad de creencias es un principio indispensable y vital de la democracia. Precisamente, porque así lo apreciamos, pondremos nuestro mayor empeño en acatarlo cumplidamente y consagraremos toda nuestra energía a velar porque los intereses organizados por las creencias no traten de minar esa libertad que las leyes les aseguran, intentando luchar unas contra otras en nuestro seno e introduciendo subterráneamente en la estructura educativa de México, esos gérmenes de discordia y de sectarismo que motivaron en el pasado tantos conflictos, tantos errores y tantos lutos”…“…Ya no será una educación dirigida a un fin específico o para un sector de la sociedad en particular, sino que se reflejará en una concepción de educación que se caracteriza principalmente por la formación integral del individuo, encaminada hacia el bien y la justicia.” [Torres Bodet, 1948: 125].

Igualmente, desde ese encargo, promovió la Campaña Nacional contra el Analfabetismo (1944-1946), siendo un defensor de quienes en la marginación, no habían contado más que con el valor de la educación para la vida, distinguiendo la separación abismal que el propio sistema educativo, había promovido en nuestro país entre los ilustrados (élites)  y los que vegetan en la ignorancia:

“…Concebir a la educación para los analfabetas, llevaría a enseñarnos principalmente a valorar nuestra propia alma, a estimar la eficacia de sus virtudes y a reconocer el lastre de sus defectos, asimilando las cualidades aprovechables, coordinando las diferencias irreductibles; civilizando, en una palabra, a los grupos que el aislamiento y el abandono han dejado a la zaga del progreso de las ciudades; dando a los centros urbanos interés por las poblaciones del interior; inculcando en unos y en otras el amor de lo autóctono, de lo nuestro y al mismo tiempo despertando en todos una vocación multiforme: la de la vida. Sólo en un pueblo consciente del abismo que media entre la ciencia de vivir y la paciencia del vegetar, podrán florecer con vigor las manifestaciones más altas de la cultura”…”Por eso mismo la norma que debe seguir ésta será: la de perfeccionar nuestra educación sin traicionar nuestras tradiciones, pero sin promover obstáculos insalvables a la renovación incesante del porvenir. Tendremos que rechazar los procedimientos que modelaban al individuo sin tomar en cuenta a la sociedad, para el sólo provecho efectivo de una casta, de un régimen o de un credo” [Torres Bodet, 1948: 124 y 126].

La educación para Torres Bodet entonces debía estar cimentada sobre todo en valores generales que, en lugar de separar a los mexicanos, los hicieran sentir aludidos por igual. Por ello como Secretario de Educación Pública,  fue el impulsor de una nueva  “pedagogía social”. Ésta no sólo debía incluir un conjunto de técnicas y métodos de enseñanza, sino que habría de comprometer a todos para ser mejores ciudadanos y  en las tareas que los tiempos y el futuro de México exigiera y aseveraba: “Esa pedagogía social será aquella que tomará en cuenta las limitaciones que el sistema de enseñanza formal tiene y que conciba que: para educar al hombre, hay que educar a la ciudad. Todo maestro genuino percibe, efectivamente, que la enseñanza más limpia, suele estrellarse contra las barreras que encuentra, fuera del ámbito de la escuela” [Torres Bodet, 1987: 25].

Con esta perspectiva, Torres Bodet, se adelantaba a su tiempo pensando en la educación flexible, en donde los métodos pedagógicos permitieran a los alumnos incidir en la realidad e intervenir de una manera más activa en el mundo, pero para ello había que modificar la escuela y al docente, para prepararles para ese tipo de enseñanza y para lograrlo, el sistema debía cambiar, pues dejarlo así, no encajaría con esos objetivos de educación responsable, liberal e insertada en la sociedad:  “cuando hablo de la necesidad de combatir la ignorancia para consolidar la paz, no me hago ilusiones exageradas sobre lo que, por sí solas, pueden obtener las escuelas como factor de renovación social…la escuela no será suficiente; los profesores no serán suficientes; los escritores, los artistas y los poetas no serán suficientes. Una escuela digna de la vida exige una vida digna de la escuela [Torres Bodet, 1965: 39].

Igualmente, no fue extraño que fuera el animador y ejecutor, en 1958, del Plan de Once Años. Este Plan fue un hito en su momento, ya que se consideró como el primer esfuerzo nacional de planeación educativa en México. El plan incluyó como principales objetivos los siguientes: a) Cumplir con la demanda insatisfecha y el crecimiento de la demanda futura, b) Mejor coordinación y atención entre la federación y estados. c) dar oportunidades para formar capacidades y habilidades a los maestros mexicanos. d) mejorar el sistema en el campo y la ciudad haciendo congruente la gratuidad de la educación y los implementos de la enseñanza. Entre muchas otras acciones.

Para ello Torres Bodet, tuvo que influir en los gobernantes para hacerlo realidad y con el apoyo del gobierno nacional del Presidente Adolfo López Mateos,  se pudieron construir casi 25 mil nuevas aulas y escuelas y más de 50 mil plazas de profesores; así mismo, se preocupó por formar el Comité Federal del Programa de Construcción de Escuelas (CAPFCE) (1945) para llevar las aulas al campo y a las partes más necesitadas de la ciudades. De esta manera también pudo lograr en breve la profesionalización del docente fundando el Instituto Nacional de Capacitación del Magisterio, porque sabía que cultivando al maestro en valores científicos, morales y nacionalistas, la buena educación estaría garantizada. Así mismo, promovió la creación de los Centros Regionales de Enseñanza Normal (CREN) en el país, creo el Museo de Historia en Chapultepec, antecedente del Museo Nacional de Antropología e Historia y fue promotor y creador de la Pinacoteca del Virreinato, entre otras muchas instituciones y acciones, que sería imposible enumerar en este artículo.

Pero su mayor logro fue sin duda, el haber creado la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, lo que no fue fácil, pues se enfrentó junto con Martín Luis Guzmán, Director de este programa,  a muchas resistencias de aquellos que veían  en los libros escolares su principal negocio. Por eso recordamos aquí, uno de los fragmentos que escribiera cuando dejara la Secretaria de Educación Pública (1964):

“…ya no habrá en nuestro país, en lo sucesivo, niño que careciese (si asistía a un plantel primario) del material de lectura que todo estudio requiere. Recordé un retrato conmovedor: el de una niña que sostenía, entre sus frágiles dedos, un libro del primer grado. Sus ojos vivaces y sonrientes, parecían prometer a quien los veía la realización de una hermosa esperanza libre. La Patria, representada en la portada de su texto, le infundiría valor para persistir (…) Aunque han pasado los años, los libros gratuitos siguen distribuyéndose. No me hago, a este respecto, ilusión alguna. Lo sé muy bien: quienes reciben esos volúmenes ignoran hasta el nombre del funcionario que concibió la idea de que el gobierno se los donase. No obstante, cuando- al pasar por la calle de alguna ciudad de México- encuentro a un niño, con su libro de texto bajo el brazo, siento que algo mío va caminando con él. Y reitero  mi gratitud para el Presidente humano (Adolfo López Mateos), sin cuya compresión no hubiese podido nunca llevar a cabo- según comentó Ertze Garamendi, en un artículo que  no olvido- lo que definió Goethe como la dicha mejor del hombre: realizar, en la madurez, un sueño de juventud”. (Bodet, J., Memoria Política de México)[1]

Sin duda, el pensamiento de Don Jaime Torres Bodet, es una valiosa herencia, especialmente en estos tiempos en que debe ser retomada. Hoy, que el sistema educativo está ávido de reformadores preparados y amenazado por los depredadores o mercenarios de la educación, esos que la han visto como un negocio particular o gremial y no como una misión. Los que han dado al traste a la positiva inercia y excelente imagen que imprimieron grandes hombres, educadores empíricos con visión y sensibilidad y de aquellos con alta formación pedagógica y científica, que guiaron correctamente a los gobiernos preocupados por su avance, cuyos resultados de calidad hoy se proyectan en el actuar de muchas generaciones valiosas. Generaciones que en el presente –en lugar de andar buscando reformas a modo–debieran tomar la estafeta de todos aquellos que han creído y luchado en el mejoramiento permanente del ser humano, cuando se cultiva en conocimientos,  valores y amor a la humanidad.

Porque, gobierno que escatima a su pueblo la educación, lo remite a su mínima expresión en desarrollo y calidad humana.

Gracias y hasta la próxima

[1] Torres Bodet, J., Fragmento de La Tierra Prometida (Memorias), Editorial Porrúa, México, 1972, 1ª edición, pp. 241-249.