Política Ficción Por: Jorge Marín Barragán/ La transformación del régimen.

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López Obrador celebró en el zócalo de la Ciudad de México el primer aniversario de la elección en la cuál el régimen permitió su arribo al poder, tardó hora y media para leer su lista de presuntos logros, para resumir, supuestamente, que México ya cambió en tan solo 6 meses de su administración. Con su lenta narrativa presumió los programas sociales, que no son otra cosa que las clásicas dadivas del sistema priista, corregidas y aumentadas, cuyo uso primordial es para mantener un efectivo instrumento electoral; también aseguró que la corrupción ya se terminó, aunque la impunidad prevaleciente y complaciente que otorga el nuevo gobierno, permita exhibirse gozando los frutos de su riqueza a todos los integrantes de la mafia del poder, que dicho sea de paso ni por equivocación ya menciona; pregona en su tedioso texto la austeridad como sello significativo de su gobierno, pero, omite responsabilizarse del desabasto de medicinas, de la falta de apoyo a enfermos de cáncer y otras enfermedades mortales, de la cancelación de becas a personas con amplios méritos, del recorte de recursos para que estudiantes y talentos indiscutibles nos representen ante el mundo y del perjuicio causado a las instancias infantiles, así como el arbitrario despido y violaciónes a los derechos laborales de miles de burócratas, la falta de cobertura de las plazas vacantes de médicos especialistas y enfermeras y, el
Subejercicio del presupuesto que también es una irregularidad administrativa que pretende mostrar como un ahorro sin serlo.

Su pausada perorata, por supuesto, incluye la promesa de terminar con la violencia, eso si, a manera de justificación de la terrible realidad que padecemos, puntualiza que es herencia del pasado, aún cuando los registros de los delitos y las victimas de diciembre a junio indican que el primer semestre de su administración es el más violento en la historia moderna de nuestro país; afirma además en su interminable recuento de supuestos que el neoliberalismo llegó a su fin, pero como en todo lo anterior en esto existe una contradicción, quizás la más grande de las que pueda tener, su administración a celebrado y presumido el Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un instrumento neoliberal por excelencia, en el pasado criticado y descalificado por él mismo, cuyos antecedentes nos remiten al mandatario Carlos Salinas de Gortari como el artífice de la implementación de este mecanismo de intercambio comercial, nada más ni nada menos que el personaje que vendió a los mexicanos como el villano favorito.

Nada es casualidad, la maquinaria del régimen, ahora transformado, funciona a la perfección, lograron llevar al poder a López Obrador con una amplia votación, producto de la enorme publicidad que le dieron y la permitida campaña permanente que mantuvo por muchos años, sin recibir la más mínima amonestación por su clara infracción a la ley electoral y, la denostación pactada de la figura de Peña Nieto, así como el descredito generalizado contra los partidos políticos para conseguir que tuviera mayoría en el Congreso, construyéndole con esta estrategia una legitimidad suficiente ante los ojos de los ciudadanos, para facilitarle el margen de maniobra para que pueda lograr hacer los cambios necesarios que le permitan proteger los intereses norteamericanos, mantener intactos los privilegios de los más ricos y poderosos de México y reducir las concesiones otorgadas a las antiguas complicidades del régimen que lo empoderó, esto último indispensable para tener recursos suficientes e instaurar el programa de gobierno que le permita mantener el apoyo de la base social que se construyó para ese fin.

El discurso de Andrés Manuel se basa en las cosas que quiere escuchar la gente pero en realidad no ejerce acciones con consecuencias legales, acusa pero no castiga, ahorra pero no ejerce con efectividad pero además perjudica, informa que ya no autorizará excepción en el pago de impuestos ni su devolución como una de sus atribuciones, pero no impulsa una reforma hacendaria que lo impida legalmente para que no exista la indebida discrecionalidad de una persona sobre el funcionamiento de las instituciones.

Con López Obrador como mandatario los mexicanos nunca veremos a ningún expresidente pagando por sus errores, abusos o presuntos delitos, no serán sujetos a juicio político y ningún proceso, la cárcel ni pensarlo y mucho menos la afectación de su cuantioso patrimonio. El fraude del 88 y 2006, FOBAPROA, la tragedia de la guardería ABC, matanza de Acteal, Aguas Blancas y todas las masacres del 68 a la fecha, así como el saqueo de las arcas nacionales seguirán cubiertas con el oprobioso manto de la impunidad, por el contrario muchos de los artífices de tales agravios están estratégicamente incorporados en el actual gobierno.

El tema de las pensiones y privilegios de los que gozaban los ex mandatarios es utilizado para distraer y darle entretenimiento al pueblo, es como quitar un pelo al gato, después de manejar en total opacidad miles de millones de pesos como puede ser una partida secreta, que en el caso de López Obrador será de 90 mil millones, así como otorgar contratos de compra y obras por asignación directa por montos exorbitantes, cuya comisión clandestina e indebida es de por lo menos el 10 % de su costo, nadie en su sano juicio puede pensar que les afecte.

Todo está calculado, por ejemplo, la intervención de Fox y Calderón en el debate público es una más de sus argucias, por haber sido gobernantes y dejar en el sentir de la gente que fallaron, sirve su participación para debilitar la inconformidad legitima de muchos ciudadanos y de verdaderos opositores y, le otorga a Andrés Manuel su pretexto favorito para seguir victimizándose y manejando la eterna cantaleta del complot.

Tales discusiones domésticas distraen a los ciudadanos de lo importante y quitan presión a la mentada Transformación por la sumisión mostrada ante Donald Trump, que ya utiliza los servicios del nuevo gobierno como patrulla fronteriza para reprimir a los migrantes desde el sur de nuestro territorio, además, les instruye que compren productos agrícolas estadounidenses. El gobierno de Peña al recibirlo con trato de jefe de estado cuando era candidato sirvió para que ganara las elecciones, ahora el gobierno de López Obrador al acatar sus disposiciones sin chistar colabora con su reelección. Una nota adicional sobre este hecho es que, mientras Peña y AMLO han optado por someterse a Trump, otros actores políticos del país dieron su respaldo público a Hillary Clinton y ahí fue donde se acabo de decidir el pacto por la presidencia del 2018.

El show montado el pasado lunes es un episodio más con que el régimen entretiene al público, su método, estrategia, sistema o como le gusten llamar es casi infalible, empodera a cualquiera y también los sataniza, genera sus chivos expiatorios e inventa increíbles historias cuando existe el riesgo de que las cosas se salgan de control.  Los verdaderos opositores son reprimidos con injusto encierro o la perdida de la vida, todo de acuerdo a las necesidades del régimen corrupto que no desaparece únicamente se declara 4ª transformación.

JORGE MARÍN BARRAGÁN.
Orizaba, Ver. A 8 de julio de 2019.