Opinión joven/ Zaira Rosas/ La transformación inicia con los mexicanos

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Cuando Andrés Manuel López Obrador era sólo un candidato de enorme respaldo por los ciudadanos, pero con una oposición clara, escribí en repetidas ocasiones que uno de los mayores problemas era que sus seguidores vieran en él la respuesta a todos los males, como si bastase con que alguien honesto llegase al poder para eliminar la corrupción. Repetí que por trillado que pareciera México no iba a cambiar si no cambiaban los mexicanos, mi invitación sigue en pie, porque a un año de gobierno tengo claro que sin importar el papel de los dirigentes, México necesita un cambio de perspectiva en su gente.

Tuve la oportunidad de escuchar en la Feria Internacional del Libro a Tatiana Clouthier, quien compartió su experiencia durante la campaña del ahora Presidente y reiteró la responsabilidad que cada uno de los gobernantes adquirió con los ciudadanos en las pasadas elecciones. Porque la confianza depositada en ellos fue producto del hartazgo y se les eligió por la esperanza sembrada de hacer las cosas diferentes, de devolver bienestar e igualdad a las familias. A un año de gobierno en distintos poderes muchas de esas promesas se han cumplido, otras están en proceso, pero en seguridad no hay duda de que persiste una gran deuda, misma que Tatiana dijo es el reto pendiente del Gobierno Federal.

Pese a señalar los aciertos, mencionó que como en todo gobierno también hay errores, algunos evidentes desde la campaña, pero no dejó pasar la oportunidad de recordar que México necesita de sus ciudadanos, que la verdadera transformación debe venir de cada uno de nosotros, comenzando por actos tan sencillos como pagar impuestos para así ser más críticos con las acciones realizadas por nuestros dirigentes.

Durante la presentación de su libro “Juntos hicimos historia” la política mexicana fue abordada por los asistentes con diversas preguntas, algunas de oposición en las que de inmediato se notaba una división de la audiencia, misma que se extendía también en los distintos debates de la 4T que organizó la Universidad de Guadalajara. En uno de ellos incluso se armaron los gritos de “AMLO miente” y quienes respondían “Cállese” o “Ya siéntese señora”, previo a la discusión sin sentido, se mantenía un diálogo con periodistas y Jesús Ramírez Cuevas, Coordinador General de Comunicación Social. En dicho diálogo el también vocero del Gobierno de la República declaraba que la polarización social sólo existía en redes sociales pero que en el día a día la gente buscaba la unión y todo se realizaba mediante actividades de paz.

Ante la declaración anterior estalló la división, comenzaron los gritos entre quienes pensaban diferente y de inmediato por cuestiones de tiempo se dio por concluido el debate. Mientras tanto, al exterior del recinto un grupo de feministas hacía el performance de un violador en tu camino, al tiempo que otras personas se sumaban a los gritos con los que intentaban visibilizar infinidad de atentados que sufren las mujeres día con día, finalmente algunas quemaron libros en los que se promueve la terapia de conversión de personas homosexuales, por considerar que estos atentaban contra sus derechos.

La FIL fue un espacio de encuentro para múltiples ideas, algunas de oposición tal como el encuentro entre el ex presidente de Colombia y el líder de las FARC. Es justo esa diversidad de opiniones la que nos enriquece como sociedad, sin embargo cuando nos alejamos de un diálogo civilizado, cuando nos olvidamos de escuchar para entender al otro y dejamos de reconocer nuestras semejanzas es cuando surgen los mayores conflictos. Si como mexicanos nos enfocamos en discutir por opiniones políticas, nos olvidamos de las metas que tenemos en común, del crecimiento económico que el país necesita y muchos otros temas en los que podemos actuar simplemente porque somos ciudadanos.

México no necesita de afiliados en distintos partidos, ni adeptos que defiendan a sus candidatos, pero sí necesita ciudadanos responsables, que entiendan las propuestas de gobierno, que verdaderamente aprovechen para el crecimiento personal los programas sociales que reciben, que olviden el resentimiento de unos a otros y busquen la colaboración constante. Esto sólo se logra con mayor empatía y conocimiento del otro, por ello es importante el diálogo, la información veraz y por supuesto la convivencia con quienes pueden pensar distinto de nosotros. Si queremos un mejor país, comencemos por transformarnos nosotros y hacer que lo típico de cada mexicano sea la puntualidad, la colaboración y el trabajo. México necesita una transformación profunda en su gente, para que sin importar el discurso que nos cuenten no caigamos en caras bonitas o engaños.