OPINIÓN INTERNACIONAL/ AURELIANO HERNÁNDEZ PALACIOS CARDEL/El Presidente más pobre del mundo y el surfista cazador de jabalíes

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Llegando a Montevideo en compañía de mi amigo Augusto Valencia durante una semana de vacaciones del 2001, no se cómo éste logró colarnos a un concierto de un tal Jaime Roos, en un pequeño teatro ubicado en la avenida principal de la capital uruguaya, que al parecer era uno de los eventos más sonados de esas fechas, pero que no correspondía al aspecto simplista del teatro, del cual no recuerdo su nombre, ni a la decoración, ni al tamaño. Sin embargo, al apagarse las luces, salió al escenario un grupo tocando una especie de rock con aires de folclore latinoamericano con raíces africanas acompañado de un espectáculo que ofrecía el público al llevar el ritmo con sus palmas estridentes con un vaivén como de claves de un son cubano ejecutado a la perfección por las tal vez mil personas que se encontraban escuchando la voz ronca de prosa cotidiana de Roos.

De Uruguay lo único que conocía era a través de la literatura, con uno de los libros que leí en mi adolescencia (por estar en los estantes de los libros de izquierda de mi papá) titulado Los Tupamaros; por un autor que descubrí en la universidad, Eduardo Galeano y por Mario Benedetii. Independientemente de la belleza de los textos de Benedetti, Galeano y el pequeño libro de Los Tupamaros, pudieran haber aportado  una importante lección ideológica de lo que pudiera ser el Uruguay, pero no es hasta hoy que escribo estas notas, que relaciono gran parte de estos aislados acontecimientos y eventos literarios a la realidad que interpreto de la República Oriental del Uruguay.

Todo esto viene a colación debido a las elecciones presidenciales de la semana pasada donde, después de 15 años en el poder del Frente Amplio (partido de izquierda), se eligió a Luis Lacalle, descendiente de una larga línea y linaje político denominado Herrerismo llevado al poder por el Partido Nacional de centro derecha. Sin entrar en una discusión o búsqueda más a fondo sobre la vida acomodada de Herrera y el padre de Lacalle, también ex presidente de Uruguay, sólo vale describir lo que en todos los medios se da como descripción del actual candidato electo: surfista y cazador de jabalíes.

Cuando analizas la elección de un gobierno de derecha encabezado por el joven surfista que renunció a su recorrido por las playas del mundo donde su preocupación era montar las mejores olas, contra el gobierno del que en su momento de máxima popularidad fue denominado “el Presidente más pobre del mundo”, ex guerrillero tumparo quien se hizo famoso por aun siendo presidente manejar su Volkswagen 82 y renunciar al 90% de su sueldo, no queda más que preguntarse los cambios tan radicales de elecciones que estamos haciendo en América Latina.

Pepe Mujica ha sido tal vez con Lula, el embajador del movimiento de izquierda del siglo XXI más exitoso, y se ha convertido en un rockstar en sus conferencias sobre todo a jóvenes,  donde habla de la pobreza, de su experiencia como Presidente y da una cátedra sobre la ética del gobernante y  la humildad y sencillez con que debieran conducirse los líderes del mundo.

Así cuando recuerdo el Uruguay, es con la mezcolanza de las historias de los Tupamaros de Pepe Mujica y las anotaciones que escribía al lado de cada párrafo de las Venas Abiertas de América Latina de Galeano, donde describe con una inteligencia descomunal el cómo la región ha sido robada y despojada de la posibilidad de riqueza y progreso igualitario. Lo recuerdo también en el concierto sencillo de Jaime Roos, con ese ritmo tan penetrante en un pequeño auditorio, un gran público y un gran artista logrando convertirme en un fanático del candombe y la murga. Así, un presidente sencillo, en un país extremadamente pequeño con un gran pueblo ha logrado salir al extranjero como figura pública. Y así como existe la cultural e increíble Montevideo, existe Punta del Este con todo su glamour. Así como existe un Presidente más pobre del mundo, existe un nuevo Presidente rico, surfista y cazador de jabalíes.

Así es nuestra Latinoamérica, librando batallas electorales entre la derecha y la izquierda. Entre los pobres y las élites. Entre las tradiciones y la modernidad. Entre los escándalos y la búsqueda de justicia. Afortunadamente en lo que se dan todos estos cambios, siempre podremos descubrir un artista como Jaime Roos o un Mario Benedetti que nos hagan regocijarnos en lo que encontramos nuestro camino