OPINIÓN INTERNACIONAL/ AURELIANO HERNÁNDEZ PALACIOS CARDEL/El pesimismo veinte-veinte y las oportunidades de México

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Desde los conflictos en Irán hasta los incendios en Australia, nos hemos empapado de malas noticias al inicio del año. Las consecuencias de una escalada en la ríspida situación de Medio Oriente, Irán e Irak, tal vez impulsado por reacciones internas más que internacionales, desemboca en una inestabilidad política, social y económica en todo el mundo, por lo que en ocasiones puede generar en algunas zonas geopolíticas la falta de inversión, especulación y volatilidad en los mercados.

Otro punto a analizar es que para el mundo globalizado y dependiente aún de los recursos fosilizados para generar energía, el petróleo es el gran commodity que se ve afectado por las inestabilidades de los países productores de petróleo. Irak (país donde se dio el asesinato de Soleimani) e Irán, ocupan el 4º y 5º lugar respectivamente en cuanto a las reservas petroleras en el mundo. El precio del petróleo ya subió inmediatamente después del inicio de los hechos que dieron pie al posible conflicto en Medio Oriente.

Al subir el precio de la materia prima que mueve al mundo industrializado desde hace mas de un siglo, los costos con los que se producen la mayoría de los bienes manufacturados que se venden en todo el mundo tienden a incorporar al precio de la oferta la inflación producida por el incremento en el combustible, por lo que los precios finales de los bienes que se producen no sólo para el consumo local, sino para todas las exportaciones pueden subir. Si la expectativa por la falta de insumos es de largo plazo, genera un efecto inflacionario algunos rubros de producción.

Otra gran preocupación de esta década que empieza es el medio ambiente. El fracaso rotundo de la cumbre de Madrid, donde se tendrían que haber establecido los grandes compromisos de la reducción de emisiones para lograr frenar el cambio climático fue síntoma del poco interés de las naciones ya que no pactaron las políticas a seguir en las próximas décadas. Las imágenes de los incendios en Brasil y más recientemente en Australia, atestiguan gráficamente que algo no está funcionando en la naturaleza como la venimos conociendo de hace 10 mil años.

Sin embargo, una posible guerra, con el desabasto de materia prima, de petróleo, y con costo de vidas humanas, no necesariamente afecta de manera global a la economía. Durante la Guerra del Golfo en 1991, Estados Unidos reactivó su economía al día siguiente del primer bombardeo. La Segunda Guerra Mundial dio pie a la mayor expansión económica que se ha dado internacionalmente. Los países productores de petróleo obtienen mas ingresos por la venta del crudo el cual venden mas caro en dólares.

Es por ello que México, dentro del panorama mundial, vuelve a colocarse en una posición privilegiada sobre todo por los ingresos petroleros de los que aún somos altamente dependientes. Aunado a eso tenemos los nuevos descubrimientos de yacimientos con lo cual ayudará fiscalmente a que la economía se vea impulsada.

El riesgo es que malgastemos los recursos excedentes del petróleo. Durante las administraciones de bonanza petrolera desde Echeverría hasta Fox y Calderón, las grandes riquezas y los ingresos adicionales (que han sido enormes) generados por el petróleo se han despilfarrado, mal gastado, destinado a acuerdos políticos o peor aún, depositados en el baúl sin fondo que es la corrupción. Si estos recursos adicionales los sabemos aprovechar inteligentemente, buenas cosas vendrán para México.

Y aunado a esto, la oportunidad de invertir en energías renovables, que es uno de los pocos beneficios tangibles de todas las reformas llamadas estructurales del sexenio pasado, incentiva y marca una ruta a seguir para contar cada año con más producción de energía limpia.

Ante estas coyunturas, si México destina correctamente sus posibles recursos adicionales, y coadyuvamos con nuestro tramo de responsabilidad internacional en sustituir cada vez más nuestros combustibles fósiles por energías limpias, querrá decir que podemos dejar nuestro pesimismo veinte-veinte atrás.