¿Mentiras hermosas?

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Aperitivo: “No seré una ‘Juanita’, porque con nuestros principios de ideales por delante, vamos a sacar esta encomienda adelante. Evelyn Salgado va a gobernar seis años. Félix Salgado Macedonio es mi padre, ha sido mi guía, de quien tengo ejemplo de lo que es la lucha social, de caminar con el pueblo, pero en ningún momento él va a tener ningún tipo de injerencia en el Gobierno”. (¿Será?).

 

Seguimos en las mismas: nada de nada, aparentemente –nos hacemos de la vista gorda- pero por eso mismo, la violencia y el desmadre por doquier continúan y el mundo se viene abajo, al menos es la percepción ¿de cuánta gente? Consulten ustedes las estadísticas, si gustan, aunque no hace mucha falta, puesto que a leguas se ve y se siente la desesperanza. Sentenció Séneca que no tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Nos cruzamos de brazos, nos lamentamos y hasta ahí. Séneca mismo escribió que el hombre ocupado de nada se ocupa menos que de vivir; ninguna ciencia es tan difícil como la de vivir. Sin embargo, nos gastamos la vida y nos desgastamos, que el mundo giré, ya nos llegará la hora. Que el vecino se rasque como pueda.

          Paul Auster, en su novela El libro de las ilusiones, escribió: “En esta ocasión, si no recuerdo mal, se trataba de cuantificar los actos efímeros de la vida cotidiana. ¿Cuánto tiempo había dedicado a atarme los zapatos en mis cuarenta años? ¿Cuántas puertas había abierto y cerrado? ¿Cuántas veces había estornudado? ¿Cuántas horas había perdido buscando objetos que no encontraba? ¿Cuántas veces me había dado con la cabeza o con la punta del pie contra algo o había parpadeado para quitarme una mota que se me había metido en el ojo? Descubrí que era un ejercicio más bien agradable, y seguí engrosando la lista mientras avanzaba chapoteando en la oscuridad.”

          Exacto. Mientras, que siga la fiesta… ¿Para quién? Que sigan las promesas y las mentiras, entrañables políticos y anexas. Etgar Keret, en palabras de uno de sus personajes, narró:

          “-No te preocupes –le dijo Miron-, por cada tres que comen de la basura, uno conduce un Mercedes.”

          Pero no hay problema alguno, porque “Después de bien pensado,/ fue mi tiempo perdido el más ganado” (Ramón de Campoamor).

          Lo bueno es que están por terminar las campañas electorales. Aunque, viéndolo bien, las mentiras permanecerán. Bertolt Brecht versificó:

 

          “Para ganarme el pan, cada mañana

          voy al mercado donde se compran mentiras.

          Lleno de esperanza,

          me pongo a la cola de los vendedores”.

         

          Y Rosario Castellanos:

          “¡Qué cuidadosamente nos mentimos!

          ¡Qué cotidianamente planchamos nuestras máscaras

          para hormiguear un rato bajo el sol!”

 

Pero nuestros políticos y anexas dicen mentiras hermosas: “¿Una mentira hermosa? ¡Ojo! Eso ya es creatividad”. (S. J. Lec). Me quedo con Ramón de Campoamor: “Aunque muy poco a poco,/ ya llegué al gran saber: ¡Sé que estoy loco!”

Loco o no, o a medio camino, “según un informe elaborado por la consultora Ipsos, México es el cuarto país de Latinoamérica en el que más empeoró la salud mental en pandemia, por detrás de Chile, Perú y Argentina, y donde el 43 por ciento de sus ciudadanos considera que su salud emocional se ha visto deteriorada desde que inició la crisis sanitaria”. ¡Madres!

Y Camilo Arbeláez, director de Enterapia, plataforma de psicoterapia en línea, señaló: “Existe un padecimiento mental que aflora entre las personas en este 2021 y que ha sido catalogada por expertos como ‘el hijo ignorado de la salud mental’, me refiero a la languidez, que se ubica en un punto medio entre la ansiedad y la depresión, donde las personas perciben una sensación de estancamiento y vacío”.

Agregó: “La languidez es un estado de desmotivación, donde las personas sienten que el tiempo se escapa de sus manos como si se tratara de un tren sin rumbo fijo y disminuyen su productividad por la incertidumbre que genera el contexto actual”. (milenio.com, 10/05/21).

Chin, soy un hijo ignorado; con razón y sin ella… ¿Se entiende?

 

Los días y los temas

 

Regresando al chisme de las mentiras. Me enviaron un libro electrónico titulado 50 cosas que debes saber para hablar bien en público, de Raquel Espinosa Elena. Toda proporción guardada, aquí les dejo el capítulo 27, “Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo” (sí, claro, con alusión a ya saben quiénes):

“La mentira nunca es buena compañera, y si la usamos en nuestros discursos tarde o temprano nos acabará pasando factura.

Lo más probable es que alguna de las personas que se encuentren entre el público sepa que hemos dicho una mentira, pero si aun así conseguimos salir ilesos nada nos asegura que no se den cuenta en cualquier otro momento de nuestra mentira.

Además, para mentir y hacerlo bien, hay que ser todo un artista, y recordar las fechas y momentos en los que lo hicimos y porque lo hicimos. Aparte de tener una mente prodigiosa que nos haga recordar cada una de las mentiras que hemos dicho. Y a cada mentira que digamos nos será más complicado recordar todo. Hasta que llegue el punto en el que tengamos que mentir para tapar una mentira que creamos para tapar una mentira que dijimos.

Todo un galimatías, en el que de nosotros solo depende no meternos, y que si pese a todo lo hacemos solo servirá para ir perdiendo credibilidad hasta que nadie confíe en nuestras palabras y nuestro criterio.

Te lo decía tu madre de pequeño, y es que las madres tienen toda la filosofía del mundo en sus regañinas, se pilla antes aun mentiroso que a un cojo. Así que si no quieres ir perdiendo la confianza de tu público hasta que nadie se moleste en escucharte más vale que empieces a aplicártelo y des gato por liebre.”

 

De cinismo y anexas

 

Albert Einstein: “Nunca pienso en el futuro. Llega enseguida.” ¿A poco no?

Ahí se ven.