Línea Caliente/Por Edgar Hernández/ AMLO, ¡que se cae, que se cae..!

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¡El pueblo sabio, lo mismo encumbra que derrumba!

 

Más tiempo tardó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en lanzar los cohetones que en recoger las varas luego del fracaso en su estrategia de seguridad y presunta complicidad con el crimen organizado.

Hoy por más explicaciones y justificaciones queda en el imaginario colectivo ese tufillo de sospecha, de complicidad y acuerdos pactados con la criminalidad.

Hoy, la opinión pública coincide en que el ídolo con pies de barro se desmorona al dejar de contar con la simpatía del 56% de los mexicanos tras los sucesos de Culiacán y la descara liberación de Ovidio Guzmán, “Chapito”.

¿Dónde quedó ese 92 por ciento de respaldo ciudadano registrado al arranque de su administración? ¿Dónde esos 30 millones de votos que tanto presumieron hasta hace una semana?

Ovidio es hoy héroe nacional mientras Andrés Manuel López Obrador queda colocado en calidad de villano al opinar el 54% de la ciudadanía que el mandatario debe reconsiderar su estrategia con respecto al crimen organizado.

Dejó de funcionar el “¡Fuchila!”.

El ingenioso ocurrente del “¡Guácala!” quien sustenta sus argumentos en la profundidad ideológica del “me canso ganso” dejó de gustar a más de la mitad de la población, insaculada en un sondeo estadístico realizado por el diario Reforma.

La ciudadanía se ha manifestado por combatir al narcotráfico antes que negociar.

Y si la ciudadanía opina que es mejor combatir a los maleantes –el 51% apoya su captura- aunque esto pueda generar más violencia a contra sensu de lo que argumenta el Pejelagarto de que es mejor liberarlos a cambio de una relativa paz ¿quién tiene la razón?

Cuando un pueblo dice a mediodía que es de noche hay que empezar a prender las farolas, reza un dicho muy común aplicado a la política.

Hoy, seis de cada 10 ciudadanos ven debilitado al gobierno de los morenos y muy empoderado -7 de cada 10- al crimen organizado. Por tanto, si más del 50% de la ciudadanía considera que ha llegado el momento de reconsiderar la estrategia de seguridad, el mandato de las mayorías obliga a tomar cartas en el asunto.

Obligada además la renuncia de Alfonso Durazo y regresar al ejército y la Armada de México la titularidad en la lucha contra este cáncer que azota a buena parte de la república.

Y es que ante los hechos no pude soslayarse lo dicho por los militares luego del fracaso en Culiacán.

“En Culiacán, los militares cumplimos con la misión, a pesar de que se estima que eran entre 700 y 800 delincuentes, sólo 350 de nosotros les hicimos frente”, sostienen en un video casero difundido en las redes en donde al sector castrense le queda claro que  el de Seguridad Pública es nada: “Usted, señor Durazo, nunca ha sido ni policía ni soldado, ni se ha enfrentado a los criminales”.

Destacan que pese a la diferencia en el número de elementos, el Ejército neutralizó a algunos de los delincuentes.

“Les causamos más de cinco bajas que cobardemente dejaron abandonados sus cuerpos, pero estamos seguros que fueron muchos más los delincuentes muertos”, sostienen.

“Protegimos a las familias sinaloenses, porque nosotros sí tenemos valores, tenemos principios, porque nosotros sí amamos a México”, sostienen los militares a modo de advertencia.

La fantasía del cambio propuesto por Morena y su Mesías hoy se muestra cruda, sin maquillaje.

No son los mejores tiempos para el Peje y eso que apenas lleva unos menos conduciendo con ocurrencias a una república que va más allá del mandato de la Cuarta Transformación.

Tiempo  al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo