LA CAÍDA DE UN GIGANTE: ALEMANIA
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
Corría el año 1954, el mundial de fútbol se celebraba en la bella y pacifica nación de Suiza. Las selecciones potentes eran Brasil, Uruguay, y, particularmente Hungría. Brasil acudía a este mundial con el alma destrozada después del trágico “maracanazo” en 1950 ante la aguerrida Uruguay. Por su parte, Uruguay llegaba al mundial con el orgullo de ser el vigente campeón del mundo y poseer en sus vitrinas dos mundiales ganados. En aquella época Hungría era una selección potente. Los húngaros ya habían jugado una final de copa del mundo en 1938 contra la potente Italia. En ese mundial celebrado en Francia, Italia se coronó campeona del mundo, mas, Hungría se posicionó como una potencia mundial. En “Suiza 54” se enfrentaron a Brasil y en una batalla campal los húngaros derrotaron a los brasileños y después se eliminaron contra Uruguay en semifinales y en agónicos tiempos extras los húngaros dejaron tirados en el campo a la garra charrúa. Hungría jugaría la gran final. La gran Hungría de Puskás y compañía.
Alemania no asistió al mundial de “Brasil 50” como castigo impuesto por la FIFA por su participación en la guerra. Los alemanes no tan solo perdieron junto a sus aliados la guerra, además, las consecuencias del desastre eran enormes. Vivian un proceso de reestructuración y reconstrucción. Este proceso empezó desde el momento en que aceptaron parte de su responsabilidad, es decir, un sector importante de la sociedad alemana reconoció que no fueron víctimas de un fanático, que ellos contribuyeron y respaldaron conscientemente la intolerancia y el fanatismo. Un ejemplo literario se encuentra en: “El tambor de Hojalata” de Günter Grass. Así que Alemania federal, (porque no olvidemos que después de la guerra Alemania quedó dividida en dos), asistió a Suiza con la mínima posibilidad de ganar la copa del mundo. De hecho, en la fase de grupo Alemania se enfrentó a Hungría y los húngaros le propinaron una goliza de 8 a 3. Esta derrota confirmaba que Alemania no estaba para soñar con títulos y que Hungría se percibía como un equipo poderoso, casi casi invencible.
Los alemanes en un duelo directo contra los turcos lograron avanzar como segundo lugar a la ronda de eliminación directa y ahí empezaron a luchar, a sudar la camiseta, a creer que podían lograrlo y eliminaron a Yugoslavia. En semifinales se impusieron a la imperialista Austria, de pronto, Alemania Federal se encontraba en su primera final en la historia de los mundiales. El problema estribaba que se enfrentarían a la poderosa Hungría, misma que días atrás los había vapuleado. Ese mundial fue el primero que se transmitió en televisión en blanco y negro. Desde luego que no eran transmisiones masivas, seguramente los adinerados de unos cuantos países europeos podían ver los partidos. El día de la final llegó. Todos los pronósticos apostaban por una goliza de Hungría sobre una modesta Alemania. Este pronóstico se confirmó cuando al minuto 8 del primer tiempo Hungría ganaba 2 a 0. Me imagino que una gran mayoría del pueblo alemán no tenía televisión, quizás un pequeño radio. Seguramente sentados en su patio, con poca ilusión, viviendo una época de carencias, escuchaban las narraciones del partido. Cuando escucharon que Hungría ganaba 2 a 0, probablemente pensaron que todo había acabado. Sus jugadores no eran ni siquiera famosos. Sin embargo, Fritz Walter, Max Morlock, Helmut Rahn y compañía, con voluntad y coraje decidieron cambiar el curso de la historia. Logran empatar el partido y al minuto 84, casi finalizando el encuentro, Rahn metió un gol que hizo que lo inimaginable se convirtiera en realidad. Alemania se corona como campeona del mundo.
El suceso narrado se conoce como: “El milagro de Berna”. Algunos estudiosos han atribuido a este triunfo del seleccionado alemán, como el punto de partida para el resurgimiento de Alemania como nación. Sostienen que los alemanes recordaron, aprendieron y comprendieron que, con trabajo, esfuerzo, disciplina, voluntad, firmeza y entereza ante la adversidad, todo obstáculo puede ser superado. A partir de este triunfo, la selección alemana a veces ganaba, a veces perdía, pero inició una etapa de dignidad y orgullo. Perdieron la final del 66 ante Inglaterra, pero lucharon hasta el final. En el 70 quedaron eliminados en el inigualable partido del siglo contra Italia en semifinales, pero ahí queda para la historia la imagen de Beckenbauer jugando con el brazo vendado. En el 74 volvieron a levantar la copa, claro, ya era una Alemania poderosa. Allí estaba el propio Beckenbauer, Sepp Maier, Berti Vogts, Paul Breitner, Gerd Müller, Jupp Heynckes. En el 82 perdieron la final ante la gran Italia de Paolo Rossi, más, el espíritu alemán representaba grandeza aún en la derrota. En el 86 jugaron una nueva final; la perdieron porque enfrente estaba un genio irrepetible llamado Diego Armando Maradona. No obstante, en el 90 repitieron por tercera ocasión consecutiva en la final y con todo y Maradona en el campo, Alemania levantó la copa. Esa generación está representada por su gran capitán Lothar Matthäus, un futbolista que encarnó a plenitud los valores de un verdadero futbolista alemán: pundonor, entrega, carácter. Matthäus y compañía perdieron la final del 82, naturalmente les dolió, pero continuaron luchando para ganarla en el 86. La volvieron a perder, seguramente les dolió más, pero levantaron el rostro y continuaron luchando y por fin en el 90 la ganaron. Aquí está el sencillo ejemplo de lo que fue Alemania.
La última gran Alemania fue la del 2014. Una generación que todavía representó a plenitud el espíritu alemán. Recuerdo cuando España los eliminó en Sudáfrica 2010, dolió mucho, empero, se percibía que era una generación que tenía carácter, personalidad y talento. Se presentía que algún mundial ganarían. Por supuesto que una generación tiene un límite de tiempo, y, cuando el mundial de Brasil 2014 llegó, esta generación sabía que era su mundial. O ganaban o simplemente pasarían a la historia como una generación promesa que nunca ganó nada. El mundial nos dejó una huella imborrable, el aplastante triunfo de Alemania sobre Brasil: 7 a 0. Una Alemania que funcionaba como una sinfonía de Beethoven. Si en los 90 Matthäus inspiraba seguridad, en el 2014 Bastian Schweinsteiger era un símbolo de carácter. Si Jürgen Klinsmann metía goles en momentos fundamentales, Klose se convirtió en el máximo goleador de todos los mundiales. Si Andreas Brehme se consideraba un lateral exquisito, Philips Lahm pasó a la historia como uno de los mejores laterales alemanes de todos los tiempos.
Y partiendo del gran Andreas Brehme, quiero explicar la caída de un gigante. Puntualizando lo siguiente: el gigante es la selección alemana en toda su historia, con sus triunfos y fracasos. Así se hizo la leyenda de un equipo triunfador. Imagínese usted lo siguiente, estamos en la final de Italia 90. Transcurre el minuto 85. Enfrente se encuentra la resistente Argentina comandada por Maradona. El árbitro mexicano Edgardo Codesal pita un penal a favor de Alemania. Los jugadores argentinos discuten, reclaman, se sientes robados. Los alemanes saben que, si meten el penal, prácticamente serán campeones del mundo por tercera ocasión. Muchos pensamos que lo lanzará el capital Matthäus, pero no, vemos que lo tirará el lateral izquierdo Andreas Brehme. Sabemos que le
pega muy bien con la pierna izquierda o la derecha. Decide tirarlo con la derecha, por cierto, Brehme sabe que el portero argentino llamado Goycochea es un especialista en detener penales. Así acababan de eliminar a Italia en tandas de penales. Goycochea es un monstruo debajo del arco. Brehme no duda, se le ve el rostro seguro, firme. Lanza un penal perfecto, sólo así no puede ser detenido por el temido portero. Alemania se corona campeón. Utilicemos esta imagen para conocer a los nuevos futbolistas alemanas.
En el 2018 fueron derrotados en fase de grupos. Pensamos que había sido un accidente que a todo equipo puede pasarle. En el 2022 en el primer partido de grupo Alemania perdió con Japón y prácticamente ahí quedó eliminado. No olvidemos la imagen de Rüdiger burlándose de un japonés cuando Alemania ganaba. La burla consistía en que el japonés era muy pequeño al lado de él. Mas, la representación nítida de que estos futbolistas, excepto kimmich y Neuer, están años luz de ser jugadores alemanes herederos de una grandiosa estirpe es la siguiente: en la tanda de penales contra Paraguay, el equipo paraguayo se encargó de revivir a un equipo literalmente muerto. Para que Alemania no perdiera, Paraguay tenía que errar 2 penales, y, qué creen, Paraguay los erró. Entonces, nos vamos al penal número 6. Alemania después de estar literalmente sepultada, el destino y la ineficacia de Paraguay les otorga una oportunidad de empezar de nuevo. En el centro del campo estaban varios jugadores que no habían tirado, entre ellos Leon Goretzka, se rumora que kimmich le solicitó a Leon lo lanzará y que Leon no se atrevió, no quiso, y que la mayoría se negaban a tirarlo. Desconozco si realmente sucedió así. Al final, un jugador nacido en 1996 llamado Jonathan Tah decidió lanzarlo. Dicen que nunca había lanzado un penal. Bueno, casi casi la sacó del estadio.
Que alegría recordar el carácter y la estirpe de Andreas Brehme y, al mismo tiempo, que tristeza ver que hoy jugadores tan pequeños, tan ordinarios, tipos sin honor y sin gloria, vistan esa camiseta que es una de las playeras más representativas en la historia de los mundiales de fútbol. Un gigante ha caído y si no retornan a su verdadera estirpe, nunca más recuperarán su grandeza.
P.D. Para acrecentar la caída y humillación, el destino, quien siempre participa en el juego, quiso revivir a Alemania contra Paraguay, pero fue muy cruel, porque la revivió de un balazo en la cabeza, para inmediatamente pegarle un balazo en el corazón.
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