Es Mi Pienso
Emotiva explosión mundialista
Arrancó el mundial de futbol del que somos anfitriones junto con Estados Unidos y Canadá. En las semanas anteriores hemos visto de todo en materia de problemas sociales y en la infraestructura comprometida para esta justa deportiva que hará que los ojos del mundo estén pendientes de lo que aquí sucede; no sólo en cuanto al futbol, sino a los problemas que enfrentarán los visitantes ante los bloqueos y las manifestaciones de los maestros de la CNTE, las madres buscadoras, los ex jueces y magistrados del Poder Judicial, los agricultores, los transportistas y lo que se acumule a lo largo del mes que durará este evento mundialista.
Por lo pronto, México ya tuvo su primer triunfo en un Estadio Azteca casi lleno en su capacidad, mayoritariamente de mexicanos sin duda y seguramente “fifís”, pues los precios de los boletos rebasaron por mucho las becas de “Jóvenes Construyendo el Futuro”, por lo que prácticamente todos los demás tuvimos que ver el partido en el palco de nuestro propio domicilio.
Es de destacar que al término del encuentro hubo festejos multitudinarios en todo el país, con un entusiasmo desbordado como si hubiéramos conquistado la copa mundial; poniendo en evidencia las ganas de sacar del fondo del ser la frustración y la impotencia contenidas ya por varios años, en los que hemos batallado en una permanente contienda entre nosotros mismos, en la que no hay un balón en disputa y en la que no existe opción de anotar gol para determinar un ganador. Nos hemos desgastado atragantados de odio y debates ideológicos que no conducen a nada bueno. Familias fracturadas que ya no platican en la mesa a la hora de sus alimentos, para evitar el menor roce con temas que tengan color guinda.
Años tristes en los que, más que nunca, la muerte nos ganó miles de batallas, con el contubernio oficial para hacerlo más doloroso y más injusto. Muchos muertos tienen la fortuna de estar ubicados en un lugar, pero hay miles de los que ni siquiera se sabe ciertamente su destino.
Ayer el futbol nos hizo olvidar todo eso por un par de horas, y los momentos siguientes representaron la mejor oportunidad de purgar la amargura y el coraje contenidos. Todos festejamos emocionados. No importó que el primer gol fuera de un extranjero nacionalizado mexicano; todos brincamos, gritamos y celebramos abrazados por ese disparo que detonó la explosión de gozo. Con el segundo gol también lloramos junto con su anotador, por todo lo que para él representó.
Cuánta falta nos hacía tener un momento así, después de tener, no un estadio, sino un país dividido, donde muchos defienden lo indefendible y aplauden los goles en contra como si fueran a favor, sólo porque el oficialismo les dicta que así es lo correcto.
No sé qué sucederá con los siguientes partidos de nuestra selección, pero por lo pronto ayer fue un gran día para los mexicanos. Sólo estorbado por la llegada del recibo de la luz y del agua que hay que pagar, y el recordatorio de que, con todo y mundial, el recibo de la renta de fin de mes también llegará luciendo su camiseta mundialista. Porka Miseria.


