De estrategias, de rememoraciones, de sucedidos del Veracruz profundo

’10/07/2026’

Prosa aprisa

De estrategias, de rememoraciones, de sucedidos del Veracruz profundo

 

Arturo Reyes Isidoro

 

Del domingo que viene, día 12, al siguiente, día 19, concluye el Mundial de futbol. Para entonces habré tomado un descanso dentro del periodo de vacaciones que viene y por eso no quiero dejar de comentar ahora un hecho político que me recordó la derrota de Brasil ante Noruega o la victoria de Noruega sobre Brasil, con la que lo eliminó.

 

Brasil es o fue una potencia futbolística y por eso quise ver ese partido. Lo hice con mucha atención. Pensé que ganaría, incluso que golearía a los vikingos. Pero me topé con la estrategia del entrenador Stale Solbakken: envió a los suyos a controlar el balón a como diera lugar, una y otra vez su oncena regresó el esférico al portero, los defensas se lo pasaban uno a otro, vamos, el suyo no fue un juego vistoso, a algunos hasta debió parecerles aburrido, pero neutralizó el dinamismo de los brasileños. Casi no les prestaron el balón por lo que los canarinhos no pudieron hacer su juego. Erling Haaland, con sus dos goles, los echó.

 

El escritor, con mucho conocimiento de ese deporte, Juan Villoro, dijo en El País, que ese partido no fue un carnaval. Apuntó que Brasil cedió la iniciativa a Noruega y acabó perdiendo. Yo lo interpreté como que Solbakken impuso el ritmo, su ritmo, y los brasileños cayeron en él. Les costó la derrota.

 

La estrategia de Yayo

 

Pero mientras veía el desarrollo de las acciones, me acordé cuando Ángel Leodegario Yayo Gutiérrez Castellanos era dirigente estatal del PRI en el gobierno de Agustín Acosta Lagunes. Entonces emergía como cacique, señor de horca y cuchillo que fue, Cirilo Vázquez Lagunes, que había instalado ya sus reales en todo el sur de Veracruz con sede en Acayucan, donde también vivía Yayo y tenía poder político. Entonces, un día, en forma abierta, Cirilo lo retó a que pelearan para ver quién tenía más poder. Aunque Gutiérrez no obstante que le faltaba un brazo era un gran tirador con pistola, no le respondió. Vázquez Lagunes ya tenía la fama de violento apoyado por pistoleros, lo que lo caracterizó.

 

Cuando se dio ese hecho, con la confianza y la cercanía que le tenía, le pregunté en corto qué opinaba del reto. No me respondió. Guardó un prolongado silencio. No insistí. Pasaron los días y poco después Cirilo anunció su decisión de incursionar en política, quería ser candidato a diputado. Cuando Yayo se enteró, pareció despertar de un letargo en el que había caído desde que le hice la pregunta. Mira, me dijo agarrándome por sorpresa, ahora sí. Le pregunté que ahora sí qué. ¿Te acuerdas que me preguntaste sobre el reto que me hizo Cirilo? Le respondí que sí. Pues ahora sí lo voy a enfrentar, pero en mi terreno, en el que conozco, en el político, con mis armas y lo voy a chingar. Y lo chingó. Cirilo nunca fue candidato en ese sexenio y después tampoco (don Fernando Gutiérrez Barrios, gobernador, lo metió a la cárcel y una mañana muy temprano, sin avisarle a nadie, lo fue a encarar, de frente, en el interior del penal Allende en Veracruz, y luego lo expulsó del estado).

 

Los perros de rancho

 

Cuenqueño, Yayo era un hombre con ingenio, observador, conocedor de la condición humana, inteligente, frío, calculador y aplicaba en política sus conocimientos de niño de campo, que había aprendido entre la gente llena de sabiduría, de la llamada sabiduría popular, la que emana del pueblo. A él le escuché por primera vez decir que algunos aduladores de algún político parecían perros de rancho. Lo explicaba así: porque cuando en el rancho aparece una jauría ladrando, solo el perro que va adelante sabe a qué le ladra, y los que lo siguen, únicamente lo hacen porque ven al primero hacerlo (ahora sí, como dijera ya saben quién, como en nado sincronizado). Hasta la fecha, muchos aplauden a un político o a una política por lo que dice, pero solo él o ella saben cuál es su verdadera intención de lo que dicen o por qué lo dicen.

 

De Mauleón recordó el crimen de Manlio Fabio Altamirano

 

En su columna de este jueves en El Universal, Héctor de Mauleón recordó un histórico asesinato en el Café de Tacuba (inaugurado en 1912 y que todavía existe; se toma muy buen chocolate ahí). El periodista lo rememoró porque dijo que encontró en la hemeroteca la nota del crimen ocurrido hace 90 años, el 25 de junio de 1936, crimen que cambió la historia política de Veracruz: fue asesinado entonces, mientras cenaba con su esposa, amigos y miembros del PNR (antecedente del PRI) el gobernador electo Manlio Fabio Altamirano. Lo mataron cuatro pistoleros de La mano negra, el cacique y empresario azucarero Manuel Parra. Le disparó el famoso Rafael Cornejo Armenta, sinónimo de terror y muerte (tenían su centro de operaciones en la Hacienda de Almolonga, municipio de Naolinco, pero se extendían a una vasta zona del centro del estado).

 

Lo mataron, recordó De Mauleón, porque era visto como una amenaza por sus ideas radicales y su deseo de conciliar al Partido Nacional Revolucionario (PNR) con las tendencias que encarnaba el Partido Comunista. A raíz de ese crimen, lo reemplazó como candidato Miguel Alemán Valdés, quien fue gobernador y luego presidente de la república, y luego su descendiente Miguel Alemán Velasco llegó también a la gubernatura. Jugaron las circunstancias. Sin embargo, un hecho que casi no se sabe y menos se menciona, es que Alemán Valdés resultó candidato tras un plebiscito en el que participó también como precandidato Manuel Zorrilla Rivera, de Misantla.

 

Manuel Zorrilla habría ganado la candidatura a Alemán Valdés

 

Zorrilla Rivera fue todo un personaje en la historia política de Veracruz y de México, pero ha caído en el olvido. Lo conocí en la última etapa de su vida porque era paisano y gran amigo del periodista Froylán Flores Cancela, con quien yo trabajaba. Le teníamos un gran respeto a don Manuel (así le decíamos) y cuando llegaba se armaba una gran tertulia para escucharlo. Ahí le oí alguna vez decir que en aquel plebiscito él le ganó a Alemán y por lo tanto la candidatura, pero no lo dejaron llegar, que ahí otra vez hubiera cambiado la historia.

 

Ya en rememoración de recuerdos, también le escuché a Zorrilla Rivera platicar el caso de un rico hacendado (nunca supe quién era y creo que él se cuidaba de no revelar más de lo que sabía; tal vez mi compañero Sergio González Levet sabe la historia completa porque era paisano y conocido de ellos) al que un grupo de hombres atacó y violó a su esposa. Entonces, aquel ofendido esposo fue a ver al secretario de la Defensa Nacional para pedirle que lo apoyara para tomar venganza. A cambio le ofreció la mitad de su rancho, que según era un rancho de gran extensión El General aceptó, envió elementos que fueron ubicando y matando uno a uno a los violadores y solo le perdonó la vida a un hombre que, para cuando lo platicó don Manuel, dijo que vivía y era carnicero en Banderilla, porque había sido el único que se había negado a tocar a la señora.

 

El linchamiento a Blanco Moheno en Jicaltepec

 

Para ya no cambiar de tema, un gran periodista del siglo pasado, Roberto Blanco Moheno, quien nació accidentalmente en Teocelo porque habían llegado ahí a la hora del parto sus padres en un circo, fue prácticamente linchado en Jicaltepec, un pueblo de la cuenca del río Bobos. La mano negra estuvo atrás de todo. Blanco Moheno había llegado a los 16 años al pueblo porque vivía ahí un hermano suyo, y vio, supo y vivió las atrocidades de Armenta y sus matones (llegaba a extorsionar a los comerciantes locales, lo que ahora se llama cobro de piso, o levantaba la mujer que le gustara y se la llevaba para violarla, sin importar, en algunos, casos, que fuera casada), Todo eso lo registró en un famoso libro entonces, hoy agotado, Jicaltepec. Pero cometió el error de mencionar a los personajes por su nombre real, los exhibió y los expuso, y, azuzados los jicaltepecanos, años después cuando un día regresó Blanco Moheno, lo lincharon, lo subieron a un burro y lo emplumaron, y querían ahorcarlo. Una versión dice que nadie se atrevió a jalar la cuerda y optaron por echarlo al río para que se ahogara. Pero nadó hasta la otra orilla y se salvó.

 

Como se advierte, la violencia nunca ha sido ajena a Veracruz, ni el caciquismo, ni el pistolerismo, ni las atrocidades, ni los secuestros, ni las violaciones, ni los crímenes violentos. La mano de La mano negra llegó hasta la CDMX para asesinar a un gobernador electo. Y la prensa tampoco nunca ha estado a salvo. Esa historia es parte de Veracruz, del Veracruz profundo.