Cuarenta y cuatro años en el basurero de la historia

Mientras estuvo como subordinado del poder fue un hombre callado, opaco, de bajo perfil y atento a las órdenes de su jefe el Presidente. Éste, desconfiado por naturaleza, le tomó afecto a su pupilo por su fidelidad toda prueba y lo nombró su sucesor. Aunque meses después se arrepentiría para todos los días de su vida de esa decisión.

Como candidato a la presidencia aquel hombre opaco, callado y de bajo perfil dio un giro de 360 grados y se volvió hablantín, protagónico e hiperactivo. Sus giras “en busca del voto popular” las hizo a matacaballo y fue tanto su entusiasmo que varios de sus cercanos literalmente tronaron al no aguantarle el paso.

Como candidato habló tanto que a punto estuvo el Presidente en “enfermarlo” y sustituirlo por otro candidato que hubiera sido Antonio Ortiz Mena. Pero todo quedó en el susto cuando prometió bajarle dos rayitas a su discurso.