CINCUENTA AÑOS DEL FALLECIMIENTO DE JOSÉ REVUELTAS. (II)
“El apando.”
Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.
José Revueltas estuvo en varias ocasiones encarcelado siempre por oponerse al régimen autoritario que gobernaba a este país. En el año 1968 el connotado escritor participó en el movimiento estudiantil; para ese entonces Revueltas era un hombre admirado y respetado por los jóvenes estudiantes. Su sola presencia seguramente motivaba a esas generaciones que exigían un país más democrático, abierto, libre y plural. La protesta estudiantil fue aplastada por el autoritario régimen y José Revueltas encarcelado en la prisión de máxima seguridad: Lecumberri. El escritor vivió en prisión un poco más de dos años, derivado de esta experiencia escribió un relato maravilloso titulado: “El apando”, mismo que fue publicado en 1969. El relato es considerado un clásico de la narrativa mexicana, e incluso, en el año 1976 fue llevado al cine y, luego luego la película se convirtió en una obra de culto. Ingresemos a la atrapante historia.
El género del relato es pequeño. Para que el lector tenga una idea, este de Revueltas es de 35 páginas, puede variar según la edición en que lo lea, pero por esa cantidad de páginas andará. Sin embargo, el contenido de la historia, el análisis que suscita, los debates que provocó, la realidad que desnudó, y, sobre todo, la huella que dejó, es profundísima. Al igual que en: “Los muros de agua” el autor no escribe un relato meramente autobiográfico, al contrario, si bien se vale de su experiencia personal en cuanto a lo que vivió, prefirió relatar lo que observó al interior de la temida cárcel de Lecumberri. Los personajes centrales son seis, tres hombres y tres mujeres: Albino, Polonio y el Carajo, al lado de ellos aparecen la Chata, mujer de Polonio, la Meche, la pareja de Albino y la Madre de el Carajo.
Los tres hombres se encuentran en prisión. Los motivos de sus encarcelamientos no se cuestionan altamente en la novela. Desde un inicio la obra desarrolla un profundo análisis sobre el problema de la libertad, planteando que, si analizamos detenidamente nuestras vidas, detectaremos que vivimos encerrados en nuestros prejuicios o regularmente somos rehenes de los deseos y todo tipo de condiciones que nos impone la sociedad. Al iniciar la narrativa este tema se plantea de manera clara:
“Esos putos monos hijos de su pinche madre. Estaban presos. Mas presos que Polonio, más presos que Albino, más presos que el Carajo. Durante algunos segundos el cajón rectangular quedaba vacío, como si ahí no hubiera monos, al ir y venir de cada uno de ellos, cuyos pasos los habían llevado, en sentido opuesto, a los extremos de su jaula, treinta metros más o menos, sesenta de ida y vuelta, y aquel espacio virgen, adimensional, se convertía en el territorio soberano inalienable, del ojo derecho, terco, que vigilaba milímetro a milímetro todo cuanto pudiera acontecer en esta parte de la Crujía. Monos, archimonos, estúpidos, viles e inocentes, con la inocencia de una puta de diez años de edad. Tan estúpidos como para no darse cuenta de que los presos eran ellos y no nadie más, con todo y sus madres y sus hijos y los padres de sus padres. Se sabían hechos para vigilar, espiar y mirar en su derredor, con el fin de que nadie pudiera salir de sus manos, ni de aquella ciudad y aquellas calles con rejas.”
Luego entonces, aquí la metáfora es que tan preso son los que se encuentran en una jaula física, como los que están dominados por un empleo que los absorbe, o una pasión que los obnubila. Las sociedades modernas viven dominadas por toda la propaganda e información que llega del exterior. Solo analice el tema del consumo, no exagero al decir que día a día consumimos lo que el mercado nos obliga a consumir…Retornando a la historia, después de reflexionar sobre lo antes mencionado, vamos conociendo el perfil de los tres hombres encarcelados. El Carajo es un preso drogadicto, regularmente lo encierran en el apando, celda de castigo, porque lo encuentran drogado o lo peor, es tanta su desesperación por drogarse, que cuando no logra conseguir el estupefaciente, se corta las venas.
Albino y Polonio no soportan a el Carajo, más deben por ahora compartir la celda con él. La Madre de el Carajo acude a verlo, ella es una mujer de unos sesenta años, se lamenta haber procreado y criado a un hijo tan abyecto, empero, como toda madre, va a visitarlo e intenta introducirle droga para que su hijo se tranquilice, porque sin droga no puede vivir. “La culpa no es de nadien, más que mía, por haberte tenido. En la memoria de Polonio la palabra nadien se había clavado, insólita, singular como si fuese la suma de un número infinito de significaciones. Nadien, este plural triste. De nadie era la culpa, del destino, de la vida, de la pinche suerte, de nadien. Por haberte tenido. La rabia de tener ahora aquí al Carajo encerrado junto a ellos en la misma celda, junto a Polonio y Albino, y el deseo agudo, imperioso, suplicante, de que se muriera y dejara por fin de rodar en el mundo con ese cuerpo envilecido. La madre también lo deseaba con igual fuerza, con la misma ansiedad, se veía. Muérete muérete muérete.”
Tanto Albino como Polonio esperaban el día de visita familiar con ansias. Sabían que irían a verlos sus bellas y atractivas mujeres. Solo una cosa le atormentaba a Polonio, el saber que su mujer era manoseada por las monas en el proceso de revisión. Este hecho lo traumaba, le hacía recordar cuando él era un hombre libre y viajaba con su querida Chata: “…y aquella vez en Tampico, al caer de la tarde, sobre el río Pánuco, la Chata recostada sobre el balcón, de espaldas, el cuerpo desnudo bajo una bata ligera y las piernas levemente entreabiertas, el monte de Venus como un capitel de vello sobre las dos columnas de los muslos- aquello resultaba imposible de resistir y Polonio, con las mismas sensaciones de estar poseído por un trance religioso, se arrodillaba temblando para besarlo y hundir sus labios entre sus labios. “Nos meten el dedo”. Mo-nas hi-jas de to-da su chin-ga-da- ma-dre, cabronas lesbianas.”
Desde luego que, con esta descripción, la historia nos muestra uno de tantos abusos cometidos por las autoridades del penal. Ya no hablemos de las golpizas, el hambre, las humillaciones, etc., de la que eran víctimas los presidiarios. Ahora bien, Albino y Polonio tienen un plan que parece incluye dos objetivos, se los platico: platicaron con la Madre de el Carajo y la convencieron para que en su vagina se meta droga y la pase al penal, parece ser, no estoy seguro, que esa droga servirá para acabar con el Carajo y al mismo tiempo ellos disfrutar de la misma. La Madre del Carajo acepta porque sabe que a ella las monas no la revisan, las monas revisan a mujeres guapas y jóvenes, así que el proyecto va para adelante. El día esperado llegó, la historia continúa y usted podrá conocer el desenlace final leyendo a uno de los escritores más importantes de México, el inigualable José Revueltas, un clásico de la narrativa literaria moderna.
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