Viernes Contemporáneo/ Por: Armando Ortíz/Morir en el golfo

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Morir en el golfo es el título de una novela de Héctor Aguilar Camín, quizá el producto literario más decente de este polémico intelectual orgánico, amigo de Salinas de Gortari y de Zedillo; beneficiado en los gobiernos de Fox y Calderón gracias a su labia lúbrica y sedosa y a su serpenteante postura política.

Morir en el Golfo es también el título de una película de Alejandro Pelayo, una buena película basada en el libro del mismo nombre. La historia entrevera el mundo de la política, el empresarial y el periodístico, todo en un relato policiaco que no deja de tener sus toques románticos.

Sobre esta novela declara el crítico Christopher Domínguez: “Estamos ante una novela de estupenda factura, bien condimentada de actualidad, suspicacias, política, violencia y su buena dosis sentimental. Aguilar Camín devuelve a la novela mexicana su derecho a contar con un héroe duro y sentimental, convertido en sagaz reportero de filiación democrática, cuya obsesión ya no es la verdad, sino el tráfico hegemónico de la información. Con la mujer, el poder, la vida peligrosa, en la mitificación del whisky como atributo de virilidad, Aguilar Camín construye un personaje fincado en la voluntad de estilo, pues si la elegancia es la dramatización de la vida, como quería Wilde, estamos ante un héroe sujeto a la admiración de sus lecturas, pero siempre situado peligrosamente cerca de la comedia. El tono de la novela podría remitirse a la sentencia anterior: Morir en el Golfo es un texto siempre empujado por su propio garbo hacia las riberas de la comedia”.

32 años después de la publicación de esta novela morir en el golfo es parte de esta realidad que en Veracruz nos circunda, nos acecha, nos abate. Años atrás, la muerte, como el poema de Zitarrosa, andaba revisando entre nuestras cosas, entre nuestros libros, entre nuestros papeles, entre nuestras amistades, entre nuestras dolencias, a veces a algunos hallaba, a veces no, pero era la muerte la que nos buscaba. En algún momento de la historia, en el golfo, son los hombres los que se ponen a buscar a la muerte.

Así es, décadas atrás, en los tiempos que Aguilar Camín escribiera su novela, morir en el golfo era como morir en cualquier parte, un hecho inevitable pero no necesariamente ligado a dramas criminales. Poco a poco la muerte en nuestro país se ha convertido en una cultura que atrae a los más jóvenes, a aquellos a quienes, por nuestra corrupción, por nuestro egoísmo, por nuestra negligencia, no les hemos dado opciones de vida.

En las últimas semanas la muerte en Veracruz se encuentra en las esquinas, en las plazas públicas, en los páramos desolados. En los últimos meses la muerte en Veracruz aparece en el rostro de personas jóvenes, esos a quienes les deberíamos augurar un futuro promisorio. Las noticias de esas muertes cunden ya en los portales informativos, en las redes sociales, en los comentarios de los cafés. Son demasiados como para llevar cuenta de ellos. Todos sumados a los cuerpos arrojados en fosas o cementerios clandestinos.

Alguien ha abierto la reja y los perros salieron a morder. ¿Quién está dando la orden? ¿Quién está dando permiso para tanta muerte? ¿Cómo se va a detener tanta matanza?

Como no tenemos respuestas para estas preguntas sólo nos queda tomar nuestras precauciones, asegurarnos de vivir cada día, evitando a la muerte y no saliendo a buscarla a ella. Sólo nos queda cuidarnos entre nosotros, porque al parecer esta ola de crímenes está rebasando a nuestras autoridades. Sólo nos queda rezar y cerrar las puertas y ventanas de nuestra casa, para que al menos, cuando la muerte nos venga a buscar, le cueste trabajo entrar; igual se cansa de tocar y se va a otro lado.

 

Armando Ortiz                                                                      aortiz52@hotmail.com