Política Ficción Por: Jorge Marín Barragán/ Torcer las instituciones.

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Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como el “Bronco”, estará en la boleta para la elección presidencial de este 2018, una vez que le favoreció el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) al que acudió, para revertir la decisión del Instituto Nacional Electoral que en primera instancia le había negado su registro, porque habría detectado serias irregularidades en la recolección de firmas de apoyo, tales como la utilización de credenciales vencidas hasta la inclusión de personas fallecidas, entre otras causas.

Cada quien habla del tema, como en otros temas, según la conveniencia, unos aplauden la resolución, otros descalifican el hecho y son muy pocas las voces mesuradas que aceptan sin adjetivos la resolución del TEPJF, lo cierto es que estamos ante una historia en donde queda en entredicho el árbitro electoral, afectado el prestigio de un aspirante independiente y la viabilidad de las candidaturas independientes bajo los términos actuales de competencia.

Lamentablemente este es un caso común en México, torcer el camino de las instituciones, lo hacen desde el oficialismo utilizando las estructuras del poder, pero también, con estrategias dignas de los mejores mapaches del PRI, han logrado desde la llamada izquierda imponer a costa del debilitamiento de las instituciones sus insanos deseos de poder.

Un ejemplo lamentable de la falta de interés del orden institucional, se dio en el año 2009 por la disputa de la jefatura delegacional en Iztapalapa. En el proceso interno del PRD de ese año, el equipo de Andrés Manuel López Obrador postuló a Clara Brugada, que se enfrentaría duramente contra la candidata Silvia Oliva Fragoso de la corriente Nueva Izquierda. Durante la contienda utilizaron ambos bandos todo tipo de maniobras, compra de votos, acarreo, repartición de despensas y dinero en efectivo, el resultado le habría dado la victoria momentánea a Clara Brugada, pero la decisión final se daría en los tribunales ya que se había impugnado los resultados y su determinación le daba el triunfo definitivo a Oliva Fragoso.

Inconformes con la decisión los obradoristas causaron destrozos en las instalaciones del Tribunal Federal Electoral alegando fraude. López Obrador buscando imponer a toda costa su voluntad, se valió de la candidatura de Rafael Acosta Naranjo mejor conocido como “Juanito”, quien para poder ser postulado por el Partido del Trabajo había alterado su acta de nacimiento. Lo apoyó en varios mítines bajo la condición de que renunciara una vez ganada la elección Constitucional, para dar paso a que Clara Brugada fuera nombrada como jefa delegacional de esa demarcación por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, donde controlaba a la mayoría de asambleístas que habría de ordenarles tomaran esa decisión.

En resumen: López Obrador en el caso Iztapalapa utilizó a “Juanito”, un ciudadano que había presentado documentos apócrifos lo cuál era un delito; habría ordenado al poder legislativo del Distrito Federal tomar una decisión para favorecer a una integrante de su equipo, lo que resultaba una injerencia autoritaria; todo esto para torcer el camino institucional e imponer su caprichosa voluntad.

 

JORGE MARIN BARRAGÁN       Orizaba, Ver. A 12 de abril de 2018.