Opinión joven/ Zaira Rosas/ El gobierno nos espía

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Una conversación casual entre dos personas arroja datos de su ubicación, preferencias y temores, entre otros. Alguien en otro lugar escucha con atención, analizan cada dato de esta y muchas otras pláticas, ¿el objetivo? Ganar la presidencia de los Estados Unidos, eso, es ficción, pasa en la famosa serie “House of cards”, en “Rápidos y furiosos” se infiltran en los teléfonos de cualquiera para lograr una vigilancia suprema de cada uno de sus objetivos, pero la ficción siempre tiene bases en la vida diaria. No es un secreto ni es noticia que desde hace muchos años nuestra información se utiliza de múltiples maneras en favor de los gobiernos o las empresas.

Desde 2013 el activista americano Edward Snowden advertía a los ciudadanos del hackeo de los teléfonos móviles por parte de las agencias de inteligencia, y aunque la advertencia era para sus paisanos, pronto otros activistas con especialidad en el tema se sumaron para advertir que estas prácticas no eran únicamente de Estados Unidos, los gobiernos de distintos países han adquirido la tecnología necesaria para acceder a datos de cualquiera, y pese a que empresas como NSO GROUP afirman que su software sólo está diseñado para espiar a criminales y terroristas, no pueden asegurar que los gobiernos que adquieren sus servicios no lo ocupen con otros fines.

Después de ver distintos episodios de una de las series del momento en dónde los datos de cualquiera tienen tanto poder y se usan para crear miedo y caos en el país, inicié la semana con un artículo irreal, el gobierno espía a los principales activistas, periodistas y defensores de la justicia. Un reportaje del New York Times, uno de los periódicos internacionales más importantes señala que desde el 2011 el gobierno mexicano ha gastado al menos 80 millones de dólares en programas de espionaje de una empresa israelí.

Al momento después de una turbulenta semana por la noticia ya hubo declaraciones del presidente, todas ellas contradictorias como ya es su costumbre, los afectados por los ataques e intentos de espionaje ya manifestaron su inconformidad y los ciudadanos también como dicta la costumbre se interesaron en el tema alrededor de dos o tres días. Sin duda la noticia sólo es tal por tratarse de ataques de espionaje a quienes más han señalado los errores del gobierno, pero a nadie sorprende que las conversaciones, los correos, mensajes y distintos usos que damos a los teléfonos sean constantemente monitoreados para otros fines.

Incluso los dirigentes de compañías como Facebook o quien fuera director del FBI han demostrado que tapan las cámaras y micrófonos de sus objetos de comunicación portátil por la misma razón, ¿quién mejor que ellos para conocer cómo funcionan los programas de espionaje y lo delicado del manejo de esos datos? En la ficción pareciera irreal que una simple conversación tenga tanto poder, pero no necesitamos ir tan lejos para entender la utilidad de lo que hacemos y hablamos día con día, basta con que ingrese a su cuenta de Facebook, la publicidad, las noticias y cualquier dato que no es producido por el usuario, va perfectamente dirigido al usuario gracias a la información que produce todo el tiempo.

Traducido lo anterior a otros niveles, los gobiernos serían capaces de detectar los planes y estrategias de cualquier amenaza, con la información podría decidir los momentos oportunos para actuar y evitar que sucesos como los de Ayotzinapa se repitan, sin embargo en vez de ocuparlo para los fines destinados, la búsqueda de justicia y la libertad de expresión se han vuelto los blancos favoritos, tal como señala Luis Fernando García, Director de R3D en el reportaje del NYT: “El hecho de que el gobierno esté usando vigilancia de alta tecnología en contra de defensores de derechos humanos y periodistas que exponen la corrupción, en lugar de contra los responsables de estos abusos, dice mucho de para quién trabaja el gobierno”.

De momento el presidente se ha deslindado de toda responsabilidad, señaló que él también ha sido objeto de amenazas espías y que por ello procura ser muy cuidadoso con lo que habla telefónicamente. Lástima que no tenga el mismo cuidado con las cosas que dice en público. Y aunque la historia suene a un capítulo más de cualquier serie o teoría de la conspiración, sí nos deja una lección, todos somos vigilados, para empresas o gobiernos nuestros datos representan oro, así que quizás debamos ser más cuidadosos con firmar en automático cada contrato de servicios u aplicaciones, compartir mensajes de fuentes dudosas y dejar de abrir cada enlace que recibimos, el entorno se ha transformado por la tecnología y aún nos falta mucho por aprender cómo hacer el uso correcto de ella.