Opinión Finanzas/ Por: Lino Perea Flores/POPULISMO Y LIBERALISMO

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Decía el profesor austriaco Karl Popper, considerado el más notable filósofo de la ciencia del siglo XX,  en su obra monumental “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”, que los grandes hombres cometen grandes errores y que algunos de ellos al partir de falsas premisas historicistas, terminan enderezando ataques encubiertos a la libertad de los individuos y a su razón de ser, al utilizar argumentaciones que al final del día terminan en resultados aberrantes.
 
Estas proposiciones las comienza a delinear el autor cuando recibe la noticia de que en marzo 12 de 1938, Austria estaba siendo anexada a Alemania; hecho que aunado a otros eventos devastadores, de alguna manera se concatenan para dar como resultado la resistencia intelectual y militar, que se reflejarán en los acontecimientos que se van a suceder antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial del siglo pasado, pero que siguen vigentes en el presente siglo.
 
Conviene hacer estas reflexiones para contextualizar un hecho en nuestro país, que pareciera no tiene relevancia en el sentido aquí señalado, pero que no obstante ofrece paralelismos con los conflictos que se avizoran. Nos referimos al evento de Acapulco, México, donde se acaba de llevar a cabo la 80 Convención Bancaria, encabezada por el Presidente de nuestro país, Licenciado Enrique Peña Nieto, conjuntamente con los banqueros mexicanos; ahí se confrontaron, los avances del modelo económico liberal y de libre mercado, con los espejismos que ofrecen los movimientos populistas, haciendo sin mencionarlo una referencia al líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
 
 Estos postulados están en consonancia y van de acuerdo con los recientes pronunciamientos del Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, que abiertamente declara que el principal enemigo de la libertad y la democracia, ya no es el comunismo si no el populismo, tanto de izquierda como de derecha. En su brillante artículo escrito para el diario madrileño El País, en marzo de 2017, externa que Cuba, Corea del Norte y Venezuela son economías comunistas sobrevivientes, que se hallan en un estado calamitoso que difícilmente podrían servir de modelo a otros países, como pareció la URSS en su momento, que podría haber sido el camino para sacarnos a todos,  del subdesarrollo y la pobreza.
 
Y continúa: “…Pero, a diferencia de lo que muchos creíamos, que la desaparición del comunismo reforzaría la democracia liberal y la extendería por el mundo, ha surgido la amenaza populista. No se trata de una ideología sino de una epidemia viral —en el sentido más tóxico de la palabra— que ataca por igual a países desarrollados y atrasados, adoptando para cada caso máscaras diversas, de izquierdismo en el tercer mundo y de derechismo en el primero…”
 
De esta manera y con relación a la Convención Bancaria, también en la misma se recordó que el liberalismo debe ser el antídoto para el populismo, es decir,  una medicina para las soluciones simplistas y casi siempre falsas, de problemáticas más complejas. Por ello el Secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, además de hacer un recuento amplio de lo que ha sido la construcción institucional del país, señaló que es el camino que México ha escogido hasta ahora para enfrentar las calmidades, que ha sido clave para enfrentar las crisis que se han presentado, en el pasado. Sin que esto indique que sea la ruta más correcta, si dice mucho de como somos los mexicanos.
 
Los años por venir serán de enormes retos para los mexicanos y en particular para los veracruzanos, pero conviene señalar que los países que han escogido la ruta populista para resolver sus problemas económicos, siempre han tenido resultados en su mayoría de carácter catastrófico, ya que no solo se trata de tener buenas intenciones y hacer promesas a diestra y sinietra, si no más bien que se pueda encauzar la producción nacional y distribuir equitativamente la riqueza que todos generamos, no con un nuevo “modelo” que nunca se dice en que consiste, pero sí como ya lo han logrado los países desarrollados. No hay fórmulas mágicas.
 
Comentarios: linopereaf@yahoo.com (*)Maestro en Ciencias y Doctor en Economía por la London School of Economics and Political Science, de la Universidad de Brunel y la Universidad de Londres, Inglaterra.