Opinión Finanzas/ Por: Lino Perea Flores/ CHURCHILL Y LAS NUEVAS GUERRAS

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Uno de los prohombres más destacados de la historia universal de todos los tiempos, es sin duda Sir Winston Leonard Spencer Churchill, o Sir Winston Churchill, militar, escritor, periodista y político, ganador del premio Nobel de Literatura que con su valor y convicciones a toda prueba, logró que su país soportara los años más difíciles de la Segunda Guerra Mundial, llevando con otros líderes de la época a la victoria a su país y a sus aliados, en Europa, Asia, África, Oceanía y América. Sin duda, un hombre templado en la milicia y la política que le ayudó a su población, a soportar los años más aciagos de este período, al infundirles respeto y admiración a propios y extraños, con su templanza a toda prueba, que logró durante los años más difíciles de esa gran guerra, comunicar e inspirar a su pueblo la reciedumbre que les ayudó a soportar las calamidades durante todos estos años.
 
Como extraordinario orador de grandes alcances, logró que los británicos y sus aliados tuvieran con este liderazgo la confianza para detener el avance de las Potencias del Eje, integrado y guiado principalmente por Alemania, el Imperio de Japón y el Reino de Italia, además de la ayuda de otros países. Como ya sabemos, la guerra se dio en todos los frentes e involucró a casi todos los países del mundo, lo que llevó a arengar a Churchill ante su pueblo en uno de sus más famosos discursos, “…pelearemos en las playas, pelearemos en la tierra, pelearemos en el aire, pelearemos en los campos de batalla, pelearemos en las calles, pelearemos en las colinas, pero nunca nos rendiremos…”.
 
El 13 de mayo de 1940, a ocho meses de haber comenzado la Segunda Guerra Mundial y de haber reemplazado a Neville Chamberlain como primer ministro, Winston Churchill pronunció otro de sus históricos discursos ante la Casa de los Comunes del Parlamento del Reino Unido, cuando las fuerzas aliadas estaban sufriendo enormes pérdidas humanas y materiales, por lo que mencionó la famosa frase, “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” (en inglés I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat).
 
La historia se ha escrito por hombres que al igual que Churchill, nos han legado a través de sus escritos y relatos los horrores de la guerra, lo que nos lleva a pensar que debemos a toda costa evitar un conflicto armado de proporciones ya no mundiales, pero de características políticas y continentales que desatarían posiblemente la Tercera Guerra Mundial, que sería de proporciones apocalípticas y exterminaría a la raza humana por completo. Decía Churchill, “La política es casi tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra nos pueden matar una vez; en política, muchas veces”.
 
De aquí que es necesario evitar los horrores de una guerra y menos aún de proporciones mundiales, pero que ahora también se pueden manifestar de diferentes maneras y si no tenemos cuidado, los efectos de nuestras acciones, también pueden derivar en conflictos de características catastróficas, ya que pueden ser equivalentes a los desenlaces con consecuencias bélicas masivas.
 
Como ejemplos tenemos la guerra del agua, el cambio climático y el deterioro del medio ambiente, el incremento de enfermedades como la diabetes y los cánceres, las pandemias que están volviendo, las desigualdades sociales, el hartazgo por los excesos de la corrupción y la impunidad en los actos de gobierno, el terrorismo, las amenazas por el mal uso de los avances de la era digital y, muchos otros desafíos, que ya comenzamos a padecer. La historia parece repetirse.
 
 
 
Comentarios: linopereaf@yahoo.com (*) Maestro en Ciencias y Doctor en Economía por la London School of Economics and Political Science, de la Universidad de Brunel y la Universidad de Londres, Inglaterra.