POR SI ACASO/CARLOS JESÚS RODRÍGUEZ/Infectaron la escena de crimen

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*No debieron divulgarse videos

*Veracruzanos temen denunciar

 

LA “SECRECIA” de las indagatorias para detener a los agresores del, ahora, ex coordinador Estatal de la Policía Federal, Juan Camilo Castagne y del inspector de la misma corporación, José Rigoberto Peña era, sin duda, un factor determinante para el éxito de esa misión, sin embargo, el “acelere” del Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares –que quiso demostrar “eficiencia” al difundir apresuradamente fotografías y videos de los presuntos asesinos, podría engendrar que acaso nunca sean detenidos, porque queda claro que esas personas, seguramente, ya emprendieron el vuelo o, en el peor de los casos, pudieran ser víctimas de sus propios jefes para evitar, si fueran capturados, que pudieran empinarlos. Haber incurrido en el error de publicitar y propagar los rostros fue como ponerlos sobre aviso, ya que los videos obtenidos de las cámaras de circuito cerrado del restaurante debieron manejarse con sigilo, y acaso no informar a los medios y, mucho menos muestrearlos en redes sociales, algo que no haría ni siquiera un principiante, pues tácitamente se está advirtiendo a los agresores: “te conozco”. Por ello, sin ser expertos en el tema, es seguro que quienes arrebataron la vida a Montagné y a Peña, o ya se encuentran fuera del Estado, o se ocultarán un tiempo razonable o, peor aún, estarían temiendo por sus propias vidas al no tener cuidado de anular el circuito cerrado del comedero.

 

NO EN vano dice el nuevo Código Penal Federal en su capítulo primero referente a la “Revelación de secretos”, artículo 210, que: “Se impondrán de treinta a doscientas jornadas de trabajo en favor de la comunidad, al que sin justa causa, con perjuicio de alguien y sin consentimiento del que pueda resultar perjudicado, revele algún secreto o comunicación reservada que conoce o ha recibido con motivo de su empleo, cargo o puesto”, mientras que el 211 señala: “La sanción será de uno a cinco años, multa de cincuenta a quinientos pesos y suspensión de profesión en su caso, de dos meses a un año, cuando la revelación punible sea hecha por persona que presta servicios profesionales o técnicos o por funcionario o empleado público o cuando el secreto revelado o publicado sea de carácter industrial”, pero por si quedaban dudas, el artículo 211 Bis, establece: “A quien revele, divulgue o utilice indebidamente o en perjuicio de otro, información o imágenes obtenidas en una intervención de comunicación privada, se le aplicarán sanciones de seis a doce años de prisión y de trescientos a seiscientos días multa”.

 

Y AUNQUE en este caso la revelación, divulgación o utilización no fue en perjuicio de otro sino de los propios agresores, si fue usada indebidamente, pues pone sobre alerta a quienes aparecen en las imágenes. Yunes Linares debió consultar con la Federación antes de hacer lo que hizo, sobre todo porque los funcionarios acribillados son Federales y las indagatorias debieron ser asumidas ipso facto por la Procuraduría General de la República y no montarse en un caso como este en aras de popularidad, cuando de antemano sabe que su Gobierno no tiene capacidad profesional para llegar a los criminales, como no la ha tenido en ningún otro acontecimiento que no sea la persecución de los duartistas –que se le han convertido en obsesión-.

 

PARA LOS investigadores acuciosos, la difusión de los videos y fotografías fue como “”contaminar” la escena del crimen, ya que con tecnología de punta, en vez de ser propagadas, las imágenes pudieron ser compulsadas o comparadas con la base de datos que, seguramente, tiene el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública para tratar de identificar a los agresores, Peor aún, nadie en sano juicio se prestaría a delatarlos en caso de conocerlos, porque se tienen antecedentes de la infiltración de los diferentes cuerpos policiacos por parte de la delincuencia, y hacerlo sería tanto como arriesgarse a una sentencia de muerte.

 

PORQUE ALGO queda claro, tal como se abordó en este mismo espacio: al, ahora,  ex coordinador Estatal de la Policía Federal, Juan Camilo Castagne, y del inspector de la misma institución, José Rigoberto Peña –junto con el tercer elemento cuyo nombre no ha sido divulgado-, lo pusieron, esto es, lo entregaron. No sabemos quién ni nos corresponde averiguarlo, pero resulta extraño que en el lugar donde ocurrieron los hechos o por lo menos en el área aledaña no hubiera una sola patrulla de la policía Estatal o Federal, cuando Cardel es, precisamente, comedero de estos y es común observar siempre, alrededor del parque o cerca a elementos uniformados que, curiosamente, ahora no estaban por ninguna parte. Tampoco se percataron de los hechos integrantes de la policía municipal que nunca faltan, además de que la rúa por donde escaparon estaba al parecer, franca, cuando cotidianamente es un trafical del infierno.

 

OTRO DATO que llama la atención es que, precisamente, la mesa a espaldas de Camilo Montagné estuviera desocupada, lo mismo que otra frente al mismo funcionario –según se observa en las gráficas difundidas-, como si estuvieran reservadas para los agresores. En suma, hay muchos cabos sueltos en este caso, aunque lo importante de todo es la “contaminación de la escena del crimen” al ser difundidos videos que, por supuesto, y sabe el Gobernador, nadie en sano juicio hará el menor caso, pues a juzgar por lo que está ocurriendo, los ejecutores ni siquiera parecen veracruzanos, más bien tienen tipo norteño –por el caminar y la estatura-, y lo más seguro, como ya lo dijimos, es que ya no estén en territorio veracruzano.

 

CIERTAMENTE, TRAS el golpe dado a su administración con el artero crimen del alto jefe policiaco –un personaje respetable y respetuoso, atento y carismático-, Yunes Linares tenía que demostrar que había avances en la investigación, pero los videos obtenidos del circuito cerrado del restaurante –que ni siquiera eran del Estado porque al Estado no le preocupa instalar cámaras en los lugares más conflictivos-, no debieron difundirse, y eso lo saben hasta un estudiantes de criminología. Por lo pronto los crímenes de Montagné y Peña, tal vez nunca sean aclarados ni los responsables llevados ante la ley, y todo por no poder controlar esa conducta protagónica que tantos problemas ha engendrado al Gobernador en turno. Así de simple. OPINA carjesus30@hotmail.com